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Oficina del Contralor
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EXCELENCIA PARA UN BUEN GOBIERNO

CPA Manuel Díaz Saldaña
Contralor de Puerto Rico

Overseas Press Club
19 de abril del 2000

Muy buenas tardes a todos.

En esta actividad la parte más importante suele ser la conversación que viene después. Además de nuestra ponencia, yo pienso que a ustedes les interesan más los comentarios, las preguntas y las respuestas que surgen posteriormente. Confiamos que estas reflexiones nos permitan sostener un diálogo sincero y abierto sobre sus preocupaciones e intereses.

Es un honor que el Overseas Press Club invite a este servidor por segunda vez a hablar ante grupo tan distinguido. En marzo del año pasado, ustedes recordarán que hablamos sobre la nueva visión y los nuevos valores de la Oficina del Contralor; y les resumimos algunos logros relacionados con la reorganización de la Oficina, los enfoques de prevención y las estrategias para minimizar la corrupción.

Nosotros podemos estar las próximas diez horas hablando de los casos. Por ejemplo, podemos hablar de la estatua de Cataño, la Autoridad de los Puertos, del Ombudsman, del Instituto del SIDA, del senador Marrero Padilla o del Marrero Pérez, de la Corporación del Cine, del Municipio de Arecibo, del terreno de Rubén Vélez, de Bromon, del CDT de Salinas, de los ataques al Contralor y 20 casos más. También podemos estar 10 horas hablando de las reformas al financiamiento de los Partidos Políticos, de las casi 50 recomendaciones de Cero Tolerancia a la Corrupción a los candidatos a gobernador y nos amanecemos hablando de todo eso. Pero la cuestión de fondo, no son las de la superficie. Yo quiero ahora plantearles a ustedes cuestiones esenciales y de fondo. Por eso nuestra ponencia la hemos pensado en dos direcciones paralelas: primero, hablaremos sobre la responsabilidad del gobierno en un Estado democrático; y segundo, reflexionaremos sobre la ética y las virtudes morales en la esfera pública de Puerto Rico. Ambas cosas, naturalmente, están conectadas, y cada vez se hacen más necesarias en nuestra sociedad. 

El Overseas Press Club y la Contraloría tenemos en común el deseo de mejorar la calidad de vida en la sociedad puertorriqueña y tener gobiernos que enaltezcan la dignidad de nuestro pueblo.

Supongamos que yo les pido apuntar rápidamente cuáles son las tres responsabilidades principales que debe tener un gobierno en Puerto Rico.¿Cuáles serían los reclamos fundamentales que un ciudadano democrático debe exigir a los gobiernos electos por el pueblo?

Yo estoy seguro que todos podemos hacer en dos minutos una lista de esas responsabilidades sociales del gobierno. Aquellos ciudadanos que trabajamos en los medios de comunicación o en la Contraloría, nos vemos obligados a pensar sobre el gobierno y la ética pública. Lo hacemos de manera constante y metódica.  

De mi lista, una de las responsabilidades fundamentales del gobierno es la siguiente:

Demostrar la excelencia en sus personas

y evidenciar la excelencia de sus instituciones

para cumplir los fines destinados.

Toda persona que ocupa cargos electivos o que es funcionario de carrera, ha juramentado defender la Constitución, obedecer la ley, y cumplir las funciones para las cuales fue nombrada o designada.

Miles de puertorriqueños en la política o en el servicio público hemos juramentado el respeto y el cumplimiento a la Constitución y a las leyes, y la integridad en el ejercicio de las funciones de cada uno. Por consiguiente, estamos obligados a evitar la corrupción, la mala conducta moral, la ineficiencia administrativa, la improductividad gubernamental, los derroches injustificados de recursos.

Es deber de un Estado democrático, en sus gobiernos electos, proveer la defensa y la tutela de los bienes colectivos, del bien común, cuya salvaguarda no puede estar asegurada por los simples mecanismos del mercado ni por los intereses particulares de ningún sector social.

Las personas que sirven en el gobierno tienen que ser:

  • virtuosas en su conducta moral

  • competentes en su capacidad técnica

  • profesionales en su desempeño diario

  • aptos en su equilibrio mental y madurez sicológica

  • en resumen, sensibles a las necesidades de su pueblo, para defender siempre, y en todo lugar, el bien común de la sociedad puertorriqueña sin menoscabo de los derechos de los individuos.

La excelencia humana en el gobierno también requiere la excelencia institucional. Esto significa que una institución cumple a cabalidad la misión para la cual fue creada. Para que exista excelencia organizacional, es necesario contar, por lo menos, con cinco condiciones fundamentales:

  • una estructura organizacional eficiente

  • unas normas de calidad

  • unos sistemas operativos eficaces

  • las tecnologías adecuadas

  • un alto nivel de excelencia humana en los integrantes de esa organización

Esta excelencia del gobierno es la que el pueblo de Puerto Rico espera. Ningún gobierno tiene excusa para no implantar una gerencia responsable y una administración efectiva.

Desde que comenzamos en la Contraloría hace dos años, seis meses, y 18 días, llevamos una campaña para fomentar que todas las agencias y corporaciones públicas, mantengan los niveles de excelencia en su desempeño organizacional.

De hecho, la Oficina del Contralor ha publicado varios folletos y documentos que contienen muchísimas normas, principios y recomendaciones para que la Administración Pública puertorriqueña se oriente hacia rumbos de excelencia. Estos están disponibles al público en nuestra pagina en la Internet.

Hemos sido muy específicos en explicar las guias y procedimientos para que las agencias tengan buenos controles internos en su contabilidad; para que sus auditorias internas sean competentes; para cumplir con las agencias reguladoras del Estado. Hemos aconsejado que las agencias establezcan planes estratégicos de desarrollo con sus objetivos, recursos y evaluaciones periódicas. Hemos aconsejado la filosofía gerencial de Calidad Total adaptada a las circunstancias del servicio público.

También recomendamos que el gobierno se mantenga actualizado en sus tecnologías de información; que sea efectivo en sus sistemas de recursos humanos para el reclutamiento, la educación continua y la evaluación del desempeño.

La ciudadanía tiene el derecho y la obligación de reclamar a sus gobiernos que demuestren:

  • buena calidad en los servicios

  • efectividad en sus procesos y sistemas para lograr los resultados esperados

  • productividad en la relación costo-beneficio

  • transparencia en sus ejecutorias y desempeños

  • honestidad en el manejo de los fondos y bienes públicos

  • prudencia en el uso de los recursos disponibles

  • justicia en sus decisiones

  • veracidad en sus informaciones

  • y permanentemente rindiendo cuentas al pueblo sobre sus acciones e intenciones.

 Ahora bien, la excelencia del gobierno en sus personas y sus instituciones tiene una condición indispensable. Sin ella, hablar de excelencia es una quimera, es una vana ilusión, es un engaño y una demagogia. 

Esta condición es...

La práctica de las virtudes éticas en la vida comunitaria del pueblo.

Para que de verdad existan en el gobierno excelencia humana y excelencia institucional, se tienen que practicar los valores morales y deben formar parte de nuestra historia. Ese conjunto de valores morales, de ética cívica, se tiene que manifestar en nuestra realidad cotidiana, a través de los diferentes sectores de la sociedad, tanto públicos como privados.

La excelencia en el gobierno es inseparable de las virtudes éticas.

Ese es nuestro mensaje a ustedes y a todo el pueblo de Puerto Rico.

Según nuestra comprensión, la ética pública tiene tres sentidos. Primero, tiene por tarea mostrarnos cómo deliberar bien para tomar decisiones correctas. Segundo, la ética significa el carácter o modo de ser ante la vida. Y tercero, vivir éticamente es cultivar virtudes morales para vivir con dignidad y honor.

Nosotros en Puerto Rico, con casi medio siglo de experiencia democrática, estamos en condiciones de nombrar ciertos valores sin los cuales la convivencia social, económica, política y cultural del pueblo no merece el calificativo de "humana", de digna o de honrosa.

Esos valores han de ser posibles gracias a la práctica de unas virtudes, de unas actitudes, de unas disposiciones coherentes con esos principios de vida comunitaria. A esas disposiciones y actitudes es a lo que llamamos virtudes de ética pública.

Todos los políticos, los funcionarios, los contratistas privados, y la ciudadanía en general, debemos practicar las virtudes éticas en la esfera pública. Si de verdad queremos elevar la calidad de nuestra vida, el camino es formando la conciencia moral, fortaleciendo nuestro carácter moral, nuestro modo de ser, nuestros hábitos y costumbres en el trabajo y el servicio público. Si de verdad queremos fomentar excelencia en el gobierno, hay que hacerlo mediante la práctica de una ética que conduzca a esa excelencia individual e institucional.

Nos referimos a los valores de la justicia, discernimiento, respeto al Derecho, sentido de responsabilidad, autodisciplina que es templanza, moderación que es prudencia y fortaleza, entre otros valores necesarios en la ética pública.

La ética siempre está en nuestras manos individuales para actuar de forma moral, justa y correcta.  Yo como individuo libre y racional, como ser pensante, como persona inteligente, yo no necesito ponerme de acuerdo con nadie, ni pedir permiso a nadie, ni que los demás estén de acuerdo conmigo, para actuar éticamente. Yo actuaré de acuerdo con mis  criterios y con mi conciencia, siempre en el aquí y ahora. No tendría sentido, por ejemplo, decirles a ustedes que voy a ser moral en el verano, a partir de agosto, porque ahora en abril y mayo no me conviene. No basta haber sido moral el año pasado para dejar de serlo ahora. No basta el hecho de yo prometerles un proyecto firme de ser moral en enero del 2001, como excusa de la inmoralidad que estoy a punto de cometer hoy.

La ética es siempre una reflexión permanente sobre mi libertad de elegir y de actuar en mi moral de aquí y de ahora, en cada momento de mi vida. Aunque la sociedad que me rodee sea desastrosa, aunque estemos bajo una dictadura terrible, aunque mis jefes sean unos corruptos e inmorales, aunque veamos los peores ejemplos a nuestro derredor, la persona puede ser moral, porque la moralidad depende de la voluntad del individuo, en su libertad, y nada más. Por eso, nosotros insistimos en que la lucha contra la corrupción requiere de una voluntad política que sea firme y valiente.

Voluntad política es la intención creíble y demostrable de los actores políticos para combatir las causas, condiciones y efectos de la corrupción.

Existen en la vida social lo que se denominan códigos de éticas, que son comportamientos específicos y concretos relativos a cierta profesión, a cierto tipo de actividades o de trabajos. Hay límites éticos para la conducta de los CPA, los profesionales de la salud y los jueces entre otros. Ciertos puestos o profesiones tienen sus códigos éticos, que no se aplican a individuos. Hay cosas perfectamente lícitas admisibles para una persona particular que no lo son para un político o funcionario de gobierno. Por ejemplo, recibir regalos y obsequios no es nada moralmente ilícito para cualquiera de nosotros en cuanto que somos ciudadanos privados. Cuando llegue mi cumpleaños seguramente recibiré algún regalo de mis parientes y amigos, sin que eso suponga ningún demérito moral; en cambio, si yo ocupo un alto puesto político o gubernamental, y recibiera esos regalos orientados a ganar mis favores en un sentido u otro del ejercicio de mi función pública, ya el caso es distinto; incluso, si recibo regalos sin ninguna intención previa o explícita, por ser hombre público como Contralor, no podría admitir lo que recibo si fuese hombre privado, aunque me hagan regalos mis amigos con la mejor intención del mundo.  No puedo hacerlo porque mi código de ética como funcionario me prohíbe actuar de determinadas maneras. Y punto. No hay discusión. Lo acepto o me tengo que salir del cargo. End of the story.

Hay que cuidarse de no confundir tres tipos de fines, que en sus ámbitos son legítimos, pero cuando se alteran las prioridades tienen nefastas consecuencias. En primer lugar, el político o funcionario tiene sus fines privados de satisfacción familiar, de tener una vida grata y cómoda, como cualquier ciudadano. Por otro lado están los fines del partido político, pues el político normalmente forma parte de un partido, en nuestro sistema democrático. Y por último, están los fines del Estado o los de la colectividad como tal, lo que se llama genéricamente el bien común.

Tenemos, entonces, tres fines diferentes: los personales, los del partido y los del Estado. Existe el peligro que los políticos y funcionarios los mezclen... y confundan lo que beneficie a ellos privadamente, o a su partido, con lo que beneficia a la colectividad puertorriqueña, al bien común de Puerto Rico.

El código ético del político y del servidor público exige que tenga bien claro y distinto los tres fines. Los tres son legítimos, pero lo son mientras no se mezclen ni se alteren las prioridades. Ningún actor del gobierno puede tomar determinadas decisiones que le beneficien a él o ella personalmente, o a su partido, con el pretexto de que benefician a la colectividad. Si alguien no es capaz, no tiene el valor, o le falta voluntad política para hacer las diferencias, pues es más que obvio que esa persona no es apta para ocupar un cargo público. No lo puede hacer porque está fanatizada y obsesionada con su partido, o es tramposa, o tiene una desmedida ambición de lucro personal. O es incapaz de ver que la sociedad puertorriqueña a la que sirve es algo más que su partido o sus beneficios particulares.

Yo tuve que abandonar cualquier filiación a partidos políticos cuando acepté el cargo de Contralor. La Contraloría mira a toda la sociedad puertorriqueña, y por eso, a veces algún miembro de los partidos no entiende que nosotros velamos por el bien común de Puerto Rico, y no para defender ideologías particulares.

Otra distinción importante en la ética pública es la gestión económica de los fondos y los bienes comunes del pueblo. En todos los países hay un uso estrictamente público de determinados fondos económicos, un uso privado en las empresas y los profesionales por su cuenta; y luego hay una zona intermedia gris, en la que se encuentran lo público y lo privado: y es en esa zona intermedia donde normalmente ocurre la corrupción y la gente roba los bienes que pertenecen al Estado. La mayoría de los casos de corrupción vienen de ese encuentro entre contratistas privados y funcionarios o políticos. Ahí donde se mueve dinero y recursos del Estado para hacer obras por medio del sector público, ahí mismo se mueven las posibilidades de corrupción, cuando a la gente le flaquean las piernas morales y se le dobla la espina dorsal ética. Entonces, la vigilancia en esa zona económica donde se intersecta lo público y lo privado es indispensable. Esa vigilancia constante es la que hacen los miembros del Overseas Press Club y nosotros.

También seamos claros en esto. Lo que ofrece un partido político al pueblo es un servicio público, es una gestión pública, y el dinero que tiene un partido de gobierno sale de los ciudadanos. No es botín de guerra a repartirse entre privilegiados. Los políticos no son una especie de príncipes del Renacimiento que van repartiendo beneficios ni regalos por las calles a la gente que va detrás de ellos. Esa idea clientelar de que el buen político es como el torero español del siglo 19 que repartía lo que acababa de ganar en la plaza entre el público e invitaba a beber a todos... esa idea es nefasta para la democracia puertorriqueña, hace mucho daño a la ética social y es perjudicial a la misma dignidad de la política.

Nadie en la vida pública es patrón ni dueño de los fondos de que dispone. Nadie en la vida pública puertorriqueña debe sentirse como un Sultán árabe que hace lo que le viene en ganas, sin impunidad, sin decoro, sin respeto a los cargos públicos que merecen la mayor dignidad.

Los socios del Overseas Press Club sabe bien lo que estamos diciendo. Ustedes conocen nuestro esfuerzo. Nosotros no venimos a la Contraloría a hacer más de lo mismo, para sacar informes tras informes. Queremos una transformación en la Administración Pública de Puerto Rico que nos fortalezca buenos gobiernos, y uso la palabra "buenos" en su doble sentido: gobiernos eficientes y gobiernos éticos. Hemos venido a innovar, a transformar, a crear nuevas ideas y enfoques de prevención, educación, colaboración con todos, para mejorar nuestros sistemas de gobierno.

Nuestro mensaje de hoy es fácil de entender y fácil de aplicar.

Excelencia humana e institucional en el gobierno se logra a base de una ética pública practicada dia a dia.

No creemos que es mucho pedir a nuestros políticos, funcionarios, servidores públicos, contratistas privados y sociedad civil, que luchen por vivir de manera ejemplar el decoro, la valentía moral, la voluntad política, los buenos modales, la austeridad, la honestidad, la transparencia en sus acciones, la integridad ... en definitiva la prudencia, la templanza, la justicia y la fortaleza.

Porque esas son las virtudes y los valores que si las sembramos bien, que si las cultivamos bien, que si las desarrollamos bien, entonces las próximas generaciones de Puerto Rico, podrán recordarnos con un sentido de orgullo histórico.

Ese es nuestro reto y nuestra invitación a la actual generación de líderes puertrorriqueños.

Que pensemos en esas generaciones que aún están por nacer.

Muchas gracias.

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