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ESTADO LIBRE ASOCIADO DE PUERTO RICO
Oficina del Contralor
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DISCURSO
1410 Aniversario del Natalicio de Luis Muñoz Rivera

17 de julio de 2000

Muy buenos días a todos.

Dicen que hablar al aire libre es peligroso...
porque el viento se lleva las palabras...
y nadie les hace caso.
Tal vez sea al revés.
A lo mejor es bueno hablar al aire libre...
para que las palabras estén a la vista de todos...
Precisamente, en este día, queremos
que nuestras palabras sean claras.

Esta invitación al Contralor, estoy seguro,
no es por mi persona. Cada uno tenemos
nuestras buenas cualidades y limitaciones.
Yo conozco las mías.
Ni tengo carisma de orador,
ni tampoco mi presencia
es particularmente atractiva para mantener
su atención en las próximas 4 horas
La razón plausible para invitar al Contralor, es porque la Fundación Luis Muñoz Marín reconoce que la
Contraloría de Puerto Rico es una institución del Estado
de gran relieve en la sociedad puertorriqueña.

Y no porque este humilde servidor, Manuel Díaz Saldaña,
o su equipo de trabajo sea gente especial.

Nada de eso.
A nosotros nos antecede una tradición
de casi cinco décadas, desde 1952 en que
se fundó la Oficina del Contralor.

Por la Oficina han pasado 5 Contralores
del más alto calibre personal y profesional.
Y todavía contamos con funcionarios
que llevan más de 25 años sirviendo
en esta agencia.

Esos funcionarios, y los anteriores Contralores,
han hecho una aportación de inapreciable valor a Puerto Rico.

Entonces, asumimos que se invita
no a nosotros como individuos particulares,
sino a la institución pública que representamos, con sus 464 funcionarios sirviendo al pueblo de Puerto Rico.

En su amable carta de invitación,
el Lcdo. Antonio García Padilla, Presidente de la Junta de Directores
de la Fundación, nos dice, y le cito,
" la mejor manera de honrar
a nuestros próceres es abordando con seriedad y sosiego los temas de interés para Puerto Rico", cierro la cita.
Esa misma intención nos convoca esta mañana.
Intentaremos reflexionar con la seriedad
y el sosiego que bien aconseja el licenciado García Padilla.

Es nuestra forma de honrar la memoria
de todos los próceres de Puerto Rico,
de todos los hombres y mujeres
que han dado lo mejor de sus vidas a nuestra patria, como Don Luis Muñoz Rivera.

Agradecemos esta oportunidad a la Fundación y su Directiva, para continuar el diálogo que la Contraloría sostiene
con todos los sectores de la sociedad puertorriqueña.

Estamos viviendo tiempos de cambios radicales, de cambios acelerados, a nivel mundial y local.
Los problemas y los desafíos de este mundo
nos obligan a repensar muchas cosas,
a revaluar nuestros modos de convivencia
y nuestros estilos de trabajo.

Para los funcionarios del Estado,
se nos presentan nuevos retos
que demandan enfoques innovadores.
Tenemos nuevos desafíos que exigen
nuevas estrategias para administrar
las agencias e instituciones
que el pueblo ha confiado en nosotros.

La Contraloría de Puerto Rico
se tiene que entender,
y se debe ubicar,
en este nuevo contexto de cambios
que vive la humanidad, en el orden económico, político y tecnológico, que tienen incidencia directa en la administración pública.

Económicamente, hay muchos reclamos.
Particularmente en el uso de los fondos públicos, y en la distribución de la riqueza
para hacer justicia a toda la población.

En términos de ingresos y gastos,
para la administración pública
es crucial determinar cómo hacerse
más productiva y eficiente.
Sobre ello hablaremos luego.

En materia de política,
hay muchos reclamos, que son legítimos y necesarios.
Desde luego, no usamos el vocablo "política" en su restringida interpretación partidista.
Esta palabra tiene un origen noble y elevado que debemos resaltar siempre.

La política es el modo en que los ciudadanos participan y deciden en los asuntos públicos que conciernen a todos.

Aristóteles definió la política como la ciencia que busca el bien del ser humano
en la totalidad de la polis.
Nuestra polis es Puerto Rico
y nuestra política son todos los mecanismos, las instituciones, el ordenamiento social y las reglas del juego que establecen, legitiman y defienden el bien común del pueblo.
Desde esta perspectiva, tenemos el desafío de fomentar mayor participación de la ciudadanía en los asuntos de todo el país.
Ello obliga a los servidores públicos
a una permanente rendición de cuentas ante la sociedad.

Hay que rendir cuentas de qué hacemos,
por qué lo hacemos, quiénes se benefician
y cómo nos ajustamos al cumplimiento de la ley.

En cuanto a los desafíos tecnológicos,
las instituciones del Estado nos enfrentamos al desarrollo de nuevas formas para organizar y procesar datos e informaciones.
Nosotros no podemos dar la espalda
a los nuevos procesos y sistemas tecnológicos que ayudan a mejorar la gerencia y la administración, a tomar decisiones eficientes para hacer la
administración más eficiente.
En nuestro desempeño como funcionarios del Estado, tenemos que situarnos ante esos desafíos tecnológicos, económicos y políticos, para responder a ellos con la mayor competencia profesional
y el mayor sentido de responsabilidad pública.

Al iniciar el tercer milenio, toda la sociedad puertorriqueña tiene una gran tarea por delante.

Durante más de un siglo nuestro pueblo viene ensayando, con aciertos y errores,
uno de los experimentos históricos
más formidables que conoce la Humanidad.

Estamos experimentando cómo vivir
bajo un régimen de derecho constitucional y de ley, donde las libertades del ser humano sean respetadas y los derechos fundamentales sean protegidos.
Estamos ensayando estructuras y formas sociales donde se promueva la justicia económica, se fomente la solidaridad humana y se cultive la paz en toda la sociedad.

En Puerto Rico, por mucho tiempo,
venimos forjando y luchando
a favor de un sistema
basado en el reconocimiento
de que toda autoridad emana del pueblo
y se caracteriza por la participación de éste
en la administración del Estado.

Por esa gesta histórica, entendemos que
una de las tareas más importantes de
Puerto Rico es preservar y fortalecer nuestra Democracia.

Es una tarea insoslayable y permanente,
que exige dos condiciones esenciales:
fomentar la Etica Pública y transformar cualitativamente las instituciones que administran el bien común de Puerto Rico.

Nuestro mensaje es doble:
- abogamos por una ética pública
que ennoblezca nuestro trabajo, y
- promovemos unos sistemas de calidad
para la administración del bien común como el medio idóneo para lograr la eficiencia y la efectividad.

El resultado lógico de una sociedad
con raigambre de ética pública,
aplicada a la administración de los bienes comunes, se llama en buen español Accountability que es Rendición de Cuenta.

Este es un vocablo muy conocido y muy usado a través de las agencias y organizaciones internacionales
que velan por la integridad de la administración pública,
por el buen manejo de los bienes del Estado.

Así, pues...
tenemos esta ecuación lógica y natural:
a mayor ética pública,
a mejor administración pública,
a mayor accountability del Estado,
logramos adelantar las causas de la justicia,
de la libertad, de la paz, de la solidaridad,
del bien común,
principios todos
que están en la raíz de nuestra vida democrática y civilizada.

Estos son grandes asuntos, grandes agendas
que tenemos los puertorriqueños por delante.
Nosotros en la Contraloría estamos convencidos de que para transformar la Administración Pública
hacen falta hombres y mujeres comprometidos profunda y efectivamente
con unos códigos de ética pública.

No basta con que el funcionario cumpla con la ley. Es necesario que de cuenta a la sociedad de sus actos, aún en el caso de que ésta no lo exija. Hay que saber caminar la milla extra en el servicio público.

A nosotros nadie nos obligó en la Contraloría a desarrollar principios y sistemas de autoregulación interna.
Nadie nos coaccionó a fijar estándares
é ticos para modelar nuestra conducta profesional.

Nadie nos impuso el deber de crear
modelos gerenciales para hacer
nuestra administración más efectiva.
Eso fue una decisión libre y voluntaria.

En la Oficina del Contralor hemos definido
una misión, una visión, unos valores éticos,
unos principios de gerencia efectiva
y unos mecanismos de trabajo basados en la filosofía gerencial de Calidad Total (TQM).
Lo tenemos publicado de muchas maneras.
Lo conocen todos los funcionarios.
Tienen que memorizarlo, y no como un eslogan publicitario, sino porque en verdad creemos en esos valores.

Creemos que la Contraloría hace una diferencia. Y trabajamos bajo ese supuesto. De lo contrario, yo personalmente no perdería mi tiempo, ni mi energía, ni mis insomnios, ni mis desvelos
en hacer este trabajo siete años más.
Si yo no creyese de verdad
que nuestro trabajo hace una diferencia positiva en mejorar la administración pública de Puerto Rico, entonces llevo casi tres años sacrificando tiempo de mi familia, salud, tranquilidad e ingreso económico.

Esa manera de vivir el servicio público supone convicciones éticas sólidas y firmes.

Ya lo había señalado Montesquieu:
" la democracia se convierte en el peor de los regímenes si carece de lo que es probablemente su requisito básico: la virtud".
Esta es una idea poderosa y esperanzadora.
Porque la virtud es la levadura de la ética pública.

Nosotros entendemos la virtud en el sentido
que se usa en la filosofía aristotélica
y en la teología de Santo Tomás de Aquino.
La virtud es un hábito operativo bueno, principio de acción que se puede entender como una fuerza,
una potencia inscrita en la naturaleza humana
que nos impulsa hacia la perfección de nuestro ser.

Como ustedes recuerdan, virtud viene del griego areté, que significa la excelencia o la cualidad que poseen las personas (incluso las cosas) para realizar bien su función propia.

La versión latina de areté es virtus,
que representa la fuerza o el valor de una persona.
La virtud es la disposición que tenemos para hacer el bien.
Pero la virtud no nace automáticamente.
No ocurre espontáneamente en la persona.

La virtud requiere esfuerzo y disciplina.Es importante recalcarlo porque los funcionarios y servidores públicos deben convertir las virtudes morales en hábitos de trabajo.

Dijimos que la virtud es el sustrato,
es la zapata que apoya y sostiene la ética pública. ¿A cuáles virtudes nos referimos?
A las más obvias y de mayor importancia.
Las conocemos muy bien. Son las virtudes éticas que fundamentan el trabajo del servidor público.

Vamos a recordarlas: honestidad, justicia, templanza, prudencia, fortaleza, responsabilidad, laboriosidad y esperanza.

El servicio público demanda
las personas mejor preparadas y más capacitadas, en todos los sentidos:
conocimientos profesionales,
habilidades técnicas, destrezas gerenciales,
y sobre todo, en su conducta moral.

La ética pública no es un asunto
para ser predicado, ni siquiera admirado.
Es para realizarla en la vida cotidiana.
La moral no es asunto de contemplación,
sino de acción en contextos específicos del trabajo.

Lo que más pide la administración pública
son personas que vivan con excelencia moral.
La excelencia moral es el resultado del hábito.
Nos volvemos honestos, realizando actos de honestidad, justos, realizando actos justos; templados, haciendo actos de templanza; prudentes, realizando actos de prudencia; fuertes, cuando cumplimos con nuestro deber a pesar de los obstáculos; responsables, cumpliendo la responsabilidad del cargo; laboriosos, cuando servimos con dedicación al trabajo; y ganamos en esperanza, si nos abandonamos en la voluntad de Dios.

La práctica de las virtudes éticas
es un proceso de aprendizaje y socialización, que nace en la cuna, continúa en las escuelas, y se tiene que reforzar a través de toda la sociedad.

En este sentido, todas las organizaciones cívicas, empresariales, religiosas, los medios de comunicación, son responsables individuales en promover la ética pública y el buen gobierno.

He ahí una gran tarea de nuestra sociedad:
¿ Cómo lograr que nuestras instituciones sociales sirvan de vehículos para las virtudes públicas?
Y nos referimos a todos los sectores
de la sociedad puertorriqueña, privados y públicos.

Esa es una tarea importantísima, insoslayable e impostergable.

La ética pública permite a los puertorriqueños no sólo coexistir como sociedad pluralista, sino convivir como un pueblo que comparte valores.

La ética pública permite a los puertorriqueños construir nuestras
vidas a través de proyectos compartidos,
para descubrir respuestas comunes
a los desafíos históricos que se nos presentan.
La ética pública es el patrimonio común
de valores que nos unen en esperanza de
vida comunitaria, y en horizonte abierto al porvenir.

Así como la ética pública no existe
en un vacío de valores ni de virtudes,
tampoco la sana administración pública
ocurre en otro vacío de normas, procesos,
tecnologías y recursos adecuados.

Esta es la segunda parte de nuestro mensaje.

La Democracia puertorriqueña se preserva y se fortalece con una Administración Pública que cumpla, por lo menos, con cuatro criterios:

1) efectividad en sus resultados,

2) eficiencia en sus procesos;

3) responsabilidad en rendir cuentas al pueblo;

4) y un estricto apego a la ley y al orden.

Existe una concepción errónea y equivocada a concebir la administración pública -o el mismo gobierno-
como un sector inherentemente improductivo, inmanejable, o como dicen algunos, ingobernable.

Pero esta concepción niega la realidad
de las funciones que ejercen miles de hombres y mujeres en defensa de los bienes y servicios comunes que pertenecen a nuestro pueblo.

El pueblo puertorriqueño tiene unas
necesidades sociales y públicas
que deben ser satisfechas con responsabilidad y eficiencia.

Ya sea en la educación, la seguridad, la salud, en infraestructuras, protección del ambiente ecológico, la ayuda contra los desastres -humanos y naturales-, la defensa del marginado y desvalido, la garantía de los derechos humanos y otras más,
en todas esas gestiones públicas,
la administración tiene que ser eficiente
y tiene que rendir cuentas al pueblo.

Estas actividades conllevan costos,
que se obtienen gracias a los pagos de impuestos.
Este costo de oportunidad se debe comparar con los beneficios de la actividad pública.

Hoy, más que nunca, es necesario que el servidor público, gracias al ejercicio éticamente responsable de su capacidad,
hace que el sector público sea más valioso para el pueblo. 

Existe una clara demanda social
que reclama al sector público
una mayor responsabilidad en los servicios que presta.
Ello implica modernizar los enfoques gerenciales y continuar innovando las estrategias operacionales de todas las estructuras gubernamentales.

Es necesario que la administración pública
institucionalice nuevos métodos de planificación, nuevas normas de calidad,
nuevas tecnologías para recopilar y procesar información, y nada de eso es misterioso ni difícil, si existe la voluntad y la firmeza de hacerlo.

No hay razón alguna para que la
administración pública no se conduzca
con los mejores estándares de calidad.
Esta debe procurar el bien común de la sociedad y para ello no puede funcionar
con déficits ni derroches económicos.

La sociedad da un mandato a los funcionarios para que su agencia o entidad cumpla con unos objetivos o programas,
de cuya ejecución posteriormente
debe rendir cuentas ante la sociedad.

El pueblo nos ha dado
un mandato legítimo para servirles.
Nosotros en la Contraloría
lo entendemos doblemente:
nos obliga a actuar con
los más altos estándares de ética pública,
y nos obliga a trabajar con
una administración dedicada a
la ejecución eficaz, responsable y eficiente
del mandato que el pueblo nos confiere.

Así, volvemos a nuestro mensaje inicial.
Preservar y Fortalecer la Democracia
implica fomentar una ética pública en toda la sociedad, y desarrollar una administración pública digna, responsable y honesta.

En su poema Sísifo, Don Luis Muñoz Rivera narra la trayectoria simbólica del personaje mítico, basada en su propia vida y en su amor a Puerto Rico.

Hay que aprender a cargar la piedra monte arriba y cuando se cae hay que aprender a recogerla, una y otra vez, para echársela al hombro y subir la montaña.
Esa piedra es el trabajo que nos pesa,
la responsabilidad que nos consume,
la vocación que nos llama,
la gran tarea que nos ilusiona.
La piedra se nos cae del hombro,
nos pesa, nos agota,
pero nunca la dejamos reposar en el suelo.

Los próceres de la patria, como Luis Muñoz Rivera, son los hombres y mujeres que llevan sus piedras con gracia y con valentía, subiendo, emprendiendo la marcha, una y mil veces, sin darse nunca por vencidos.
Las piedras también representan
el destino de los pueblos
que interesan superarse continuamente.

Por eso la Patria no es algo estático,
que está ahí, inmutable e inamovible.
La Patria es algo siempre por hacerse,
una tarea interminable.
De eso se trata la misión de cada generación. De entender su época, interpretar su tiempo, hacerse cargo de la marcha ascendente y dejar el mejor camino a las próximas generaciones.

Nuestra generación tiene que hacer su patria, y hacerla en todos los sentidos,
no solamente en los grandes proyectos
del Estado o los Gobiernos, sino en la actuación cotidiana de cada uno de nosotros.
Porque no existe distinción entre
esfuerzos grandes o pequeños,
cuando es el amor a Puerto Rico quien los sostiene.

Es en todos los sentidos
que construimos la Patria.
En el arte, la cultura,
la religión, el trabajo, las diversiones,
la familia, las amistades, las costumbres...
Don Luis Muñoz Rivera escribe estas proféticas palabras en La Democracia,
el 6 de marzo de 1884: "Necesitamos, sobre todo, la concordia y la unión...

Puerto Rico quiere que cada cual cumpla con su deber". 116 años después, aquí en Barranquitas, invocamos ese consejo y continuamos el camino ético de ese deber

Nosotros en la Contraloría
nos hemos comprometido con Puerto Rico
a cumplir nuestro deber.
Ayúdennos... y hagamos juntos,
en concordia y unión,
una patria feliz para todos.

Muchas gracias.

Manuel Díaz Saldaña
Contralor de Puerto Rico

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