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ÉTICA EN LA EMPRESA

Muy buenas tardes a todos.

En primer lugar, hay que darse cuenta de tres realidades fundamentales: una, hoy es viernes; dos, miren la hora de la tarde; y tres, acabamos de pasar una elecciones tremendas que han dejado gozos y sus penas por todos lados.

Ahora respóndanme ustedes con sinceridad: ¿quién tiene ánimo este día y a esta hora de escuchar al Contralor?  Además, a sabiendas que el Contralor es la persona más querida por los partidos políticos. Yo no sé por qué me quieren tanto los políticos...   De mi parte, estoy encantado de estar con ustedes. Además, ya que voy a hablarles de ética, creo que ustedes hoy viernes son héroes éticos al tener que escuchar al Contralor... Así que quiero empezar por darles muchas gracias a cada uno, por su invitación, por su paciencia y su hospitalidad. El Tema que nos concierne en esta Conferencia se titula la Etica en la Empresa. Nos proponemos plantear varios asuntos que esperamos se acoplen a sus estudios universitarios de Maestría en la Escuela de Administración de Empresas.  Las ideas que vamos a proponerles se pueden formular con tres premisas:  

1.  La ética es el quehacer humano por excelencia.

2. Quien actúe éticamente mejora su vida entera.

3.  La empresa económica debe vivirse como un quehacer moral.

Esa tercera premisa nos lleva a la conclusión de nuestra charla, que es la siguiente:  

La finalidad de la empresa no es solamente producir riqueza monetaria, sino un desarrollo humano integral, que se consigue mediante la práctica conductas éticas por las personas que componen la empresa. 

Podemos seguir un método en dos partes: primero, leeremos despacio la Conferencia, para que hagan apuntes necesarios; luego, podemos tener una conversación abierta para aclarar puntos, responder preguntas, o intercambiar observaciones que tengan a bien hacer. La conferencia está en nuestra página de Internet y la pueden conseguir conectándose a www.ocpr.gov.pr.  


Trasfondo

Entiendo que nuestra Conferencia es parte del ciclo de talleres requisitos de su Maestría en Administración de Empresas. Me parece una estupenda idea que los estudiantes y profesores puedan intercambiar con personas que posean experiencia en campos de interés para ustedes.  

En nuestro caso, les hablamos desde la experiencia que hemos tenido en el sector privado y en el servicio público. Yo tuve una práctica privada como CPA y auditor por varios años, donde mi socio y yo nos ganamos seriedad y credibilidad en la comunidad profesional a que pertenecemos. Posteriormente, hemos trabajado durante los pasados ocho años en la administración pública, primero, en la rama ejecutiva, como Secretario de Hacienda, y luego, como Contralor, bajo la rama legislativa. 

Hemos aprendido mucho de las tres ramas del Gobierno, de manera que cumplan con los 7 principios de la vida pública:  


SIETE PRINCIPIOS DE LA VIDA PUBLICA


Las leyes, la ética y la moral son muy amplias al respecto. Una manera práctica de averiguar si existe corrupción o no es comparar el acto que se crea sospechoso con los siguientes principios de la vida pública (adaptados de The seven principles of public life, publicado por The Committee on Standards in Public Life, Londres, 1997).


1. Interés público

El servidor público debe actuar sólo en términos del interés público y no hacer su trabajo buscando beneficios materiales o económicos para sí mismo, su familia o sus amigos.

2. Integridad

Los servidores públicos no deben prestarse a recibir dádivas, económicas o de otro tipo, de personas u organizaciones que puedan buscar influir en sus decisiones oficiales.

3. Objetividad 

El servidor público, en el ejercicio de sus funciones oficiales tales como nombramientos, adjudicación de contratos, beneficios o subsidios sólo debe hacerlo con base en los méritos. 

4. Responsabilidad 

El servidor público debe responder políticamente por sus decisiones, acciones y omisiones ante la ciudadanía y debe someterse al escrutinio apropiado para su función. 

5. Apertura 

El servidor público debe ser tan claro como le sea posible con respecto a todas las decisiones y acciones que tome y debe explicar las que no tengan el carácter de secretas.   

6. Honestidad

El servidor público debe declarar todo interés privado que tenga o pueda tener con respecto a sus deberes y hacer lo necesario para evitar un conflicto personal que deteriore el interés público.  

7. Liderazgo

Estos principios deben ser promovidos por el servidor público con su liderazgo y su ejemplo.   

Así, pues, venimos de esas dos perspectivas: de la empresa privada, que debe generar ganancias; y del sector público, que debe proveer servicios y garantías al ciudadano. Así como el sector privado debe ser productivo, así también el sector público tiene que demostrar mucha responsabilidad en sus tres ramas de gobierno. Tanto uno como otro, el sector privado y el sector público, tienen mucho que ganar con un comportamiento ético.  

Esa misma idea está en la carta de invitación del Decano, Dr. Pedro Hernández López, quien nos escribe unas inquietudes que vamos a usar como punto de partida. Dice el Decano que no podemos subestimar la ética, y ello por dos razones: porque la ética es indispensable para sobrevivir económicamente; y porque las prácticas inescrupulosas tienen un impacto negativo en la vida social. Estamos plenamente de acuerdo con el Dr. Hernández López.

A propósito de ello nosotros en la Contraloría hicimos las siguientes recomendaciones (de 52 recomendaciones que se propusieron a los líderes políticos, el 15 de diciembre del 1999 - disponibles en www.ocpr.gov.pr

"9.14 Establecer un Código de Ética que rija la relación del Gobierno con sus proveedores de bienes o servicios, entidades que reciban algún incentivo económico y las organizaciones sindicales que representan a los servidores públicos. La aceptación de las normas establecidas en dicho Código debe ser condición necesaria para que éstos o sus representantes directos hagan transacciones con el Gobierno."  

Nuestra exposición consta de tres partes, que constituyen el significado del título que ustedes han seleccionado para esta Conferencia. En primer lugar, definiremos el concepto de ética; segundo, haremos lo mismo con el concepto de empresa; y finalmente, integramos ambos términos en una unidad con sentido y dirección: la ética en la empresa.   


1. Concepción de la ética

Nos parece conveniente aclarar nuestros términos.  Somos concientes que las definiciones pueden limitar demasiado las palabras, porque el lenguaje es una realidad viva y dinámica que no se presta a ser encuadrada en esquemas lógicos; además, hay términos muy amplios y genéricos que no pueden encerrarse fácilmente en fórmulas de definición.   

Sin embargo, es necesario que nos pongamos de acuerdo sobre qué queremos decir cuando nos referimos a algo. En esta Conferencia, los términos de análisis son ética y empresa. Se ha escrito muchísimo sobre ambos conceptos. Pero, ¿a qué nos referimos, exactamente, cuando hablamos de "ética" o de "empresa"?  

Empecemos con el concepto "ética".

Al comienzo de este siglo, los seres humanos nos enfrentamos a un mundo donde las corrientes de pensamiento postmodernistas nos dicen que todo es confuso e incierto, que todo es arbitrario, que no hay verdad ni mentira, que todo es relativo, que no existe el bien y el mal, porque las cosas dependen del punto de vista del sujeto.

En este laberinto de confusiones, a los seres humanos nos conviene de vez en cuando hacer un alto en el camino... y sentarnos a preguntarnos qué queremos, quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos,  qué debemos hacer con nuestra vida.

Todo lo que hoy sabemos y predicamos sobre la libertad, el bien, la felicidad, los derechos humanos, la justicia, la igualdad... todos esos principios nacen de las grandes tradiciones espirituales y filosóficas de la humanidad. Esas tradiciones han buscado una cuestión esencial, que es cómo debemos vivir para que la vida humana sea feliz, noble y digna. Esa preocupación es una constante a través de la historia. A ese gran interés, a esa gran preocupación, se le llama la moral humana. Es decir, los actos, las intenciones y las actitudes del ser humano por los cuales establece una diferencia entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo correcto e incorrecto, lo que humaniza y deshumaniza. Por eso, hoy nos conviene recordar algunas nociones sobre la ética y la moral, en sus etimologías y en su concepción.

En el lenguaje común, se suele hablar indistintamente de ética y de moral. No significan lo mismo, si nos ponemos excesivamente técnicos en la semántica. Nosotros no le daremos mucha importancia a las diferencias, pero de todos modos, vamos a aclararlas. 

Etica viene del griego "ethos" que tiene varios significados. En primer lugar, quiere decir morada donde uno vive y habita; en segundo término, "ethos" significa  carácter o modo de ser que la persona adquiere a través de los hábitos de conducta.

En los orígenes de la filosofía griega y del pensamiento cristiano se entiende la ética de una manera muy rica y mucho más amplia de lo que algunos suponen. La ética, en sus fuentes originales, comprende la totalidad del ser humano, sus disposiciones ante la vida, su carácter, sus costumbres, sus actitudes, y naturalmente, su moral, como veremos enseguida.  

En realidad, podemos traducir "ética" como la forma de vida de una persona.  La ética es el modo de vivir, de conducirse ante el mundo, de relacionarse con los demás. Es un hábito, una especie de segunda naturaleza, que una vez se logre y se fije, por la repetición de actos, sitúa al ser humano en el camino del bien y de la felicidad.  Eso es lo que originalmente significa ese gran concepto que llamamos ética.

Posteriormente, "ethos" se traduce al latín como "mos", que quiere decir costumbre, pero no cualquier costumbre, sino solamente aquella que es "costumbre buena". La moral así entendida es obligatoria, porque conduce tanto al bien individual como al bien colectivo. La moral es el modo como deben vivir las personas para que sus vidas tengan sentido y se hagan bien entre sí.

Con el tiempo, la palabra ética se usó para denominar una rama de la filosofía, llamada filosofía moral, que se ocupa de estudiar o analizar los principios y razones que intentan fundamentar la moral de las personas y los pueblos. Es decir, la ética se convierte en una reflexión teórica sobre la moral. Esta es, en esencia, la diferencia técnica que les hablé al principio.

Sin embargo, nosotros no haremos aquí esa distinción sutil, porque el uso léxico frecuente y común ha generalizado esos dos términos como sinónimos. Para nuestro propósito, hablamos de ética y moral como términos intercambiables, que significan lo mismo, que son sinónimos. Nuestra concepción de la ética se funda en dos postulados, que son:

1. Las prácticas, hábitos, comportamientos, actitudes e intenciones de nuestra vida cotidiana que se relacionan con el bien y la justicia;

2. Los principios, normas y cánones que se establecen como guías de lo que se debe hacer para procurar el bien y la justicia.

Los ejes sobre los que giran las cuestiones éticas y morales son el BIEN y la JUSTICIA. 

La  ética es, a la vez, una práctica y una teoría. Es una práctica en cuanto la ética hay que vivirla en acciones cotidianas; y es una teoría, porque esa práctica tiene que estar respaldada por razones y argumentos, por una lógica convincente, ya que los seres humanos somos entes racionales y libres.

La dignidad humana implica, entre otras condiciones, en no estar atado a los instintos mecánicos del animal, o no estar esclavizado a fuerzas externas que se impongan sobre la conciencia y libertad; para los que somos cristianos, que tenemos una visión trascendente de la vida, esa dignidad nace de ser hijos e hijas de Dios, de estar hechos a su imagen y semejanza: precisamente de ahí emanan las potencias de la conciencia y la libertad.

Cuando hablamos de ética, y la aplicamos a la medicina, a la salud, a los experimentos, a la educación, a las profesiones, al derecho, al Estado, al matrimonio, a la sexualidad, y a los mismos negocios, estamos diciendo que existen unas acciones, unas prácticas, unos códigos, unos valores, unos principios... que son preferibles a otros, mejores que otros, por encima de otros, porque esas prácticas y valores propenden al Bien y a la Justicia.

Cuando decimos que la ética o la moral se aplica a nuestras vidas cotidianas, ya sean personales o públicas, empresariales o profesionales, lo que estamos diciendo es que admitimos unas conductas por encima de otras. Cada vez que tomamos una decisión ética, lo hacemos gracias al uso de nuestra razón y nuestra libertad.

Por eso, podemos entender que la ética es nuestra mejor guía racional de conducta, que nos invita a actuar de una u otra manera, para producir el mayor bien, la mayor felicidad y la máxima justicia posible. 

Cuando el ser humano asume una postura o actitud ética, está dando razones para justificar una conducta moral, está dando razones para vivir de cierto modo, porque lo considera su deber, su obligación, en virtud de lo que entiende es justo, bueno, correcto, apropiado a cada circunstancia de su vida.  

Bien, es suficiente con esta reflexión sobre la ética, así que pasemos de inmediato al segundo concepto, la empresa.  


2. Concepción de la empresa 

Usualmente, cuando se intenta definir el concepto "empresa", se acude a la clásica definición del economista Schumpeter quien llama "empresa" a la introducción de una innovación en la economía. Emprender, en el sentido corriente, está ligado a la idea de crear, de innovar, de un empresario que hace innovaciones, que introduce cambios, que ejecuta nuevas combinaciones. Por eso Schumpeter habla de "empresa" en ese sentido, cuando los empresarios ejecutan nuevas combinaciones que tienen resultados en el mercado.     

Para Schumpeter se da una innovación siempre que el proceso productivo experimenta una modificación cualitativa en los productos o servicios. Esta idea del gran economista nos puede ayudar, pues me parece que una de las principales tareas del empresario es incorporar la ética como un bien de la actividad empresarial. El verdadero "entrepreneur" o empresario es quien convierta la ética en un producto constante de su actividad comercial.

También el vocablo "empresa" tiene otra concepción más común o conocida. Pues se habla de empresa como la unidad o la célula básica de una economía basada en el mercado. La empresa sería el lugar donde se desenvuelve el proceso productivo, es decir, los productos que consumimos, donde se realizan las inversiones, se reparten las rentas, se exportan e importan productos, se crean empleos, y se establecen relaciones sociales y contractuales.

Así, pues, las empresas son sistemas muy complejos de agentes económicos y sociales que producen bienes o servicios destinados a la venta o distribución, que intercambian información, que hacen transacciones de diversa índole, y que finalmente, involucran esas dos grandes realidades de nuestra vida cotidiana: el trabajo y el mercado.  

La mayoría de nosotros, estamos inmersos en esas dos realidades de la vida social: trabajo y mercado. Incluso para quienes estudian a tiempo completo, el estudio es su forma de trabajar, es su manera particular de aportar a la sociedad en que viven. E incluso la propia universidad es una forma empresarial de ofrecer alternativas educativas, de ofrecer ciertos valores académicos que estima necesarios o importantes para vivir. No hay nada de negativo o denigrante considerar a la misma universidad como una organización empresarial, algunas sin fines de lucro, otras con fines de lucro, pero todas con sus ofertas y servicios, todas con un público consumidor que quiere captar y atraer. 

Entonces, si aceptamos esas dos realidades del trabajo y el mercado, hemos de aceptar también que la empresa constituye la experiencia fundamental de quienes vivimos en sociedades como Puerto Rico, con una economía capitalista de mercado libre. Esa experiencia es la que nosotros tenemos fuera de Puerto Rico, al menos con países con quienes nos relacionamos con mayor frecuencia, ya sea por razones económicas, políticas, o de simple turismo.  

Esta es una conclusión importante de nuestro planteamiento en la primera parte de nuestra Conferencia: la empresa es el paradigma central de la organización moderna: todo lo que se relacione con producción, distribución, servicios, negocios, riqueza y empleo, que son el quehacer propio de una economía capitalista de mercado, todo eso, está relacionado con algún tipo de empresa y de empresario, desde el carrito en la esquina que vende tripletas y hot-dogs, hasta las empresas corporativas multinacionales que dominan las finanzas globales, hasta las empresas de comercio electrónico de tres o cuatro personas.  

Pues bien, ante esa conclusión, hagamos una pregunta fundamental: ¿qué obligaciones éticas tiene la empresa? ¿existe alguna relación entre ética y empresa, y de haberla, cuál es? 


3. Etica Empresarial 

Una vez aclarada nuestra concepción sobre la ética y la empresa, nos toca articular ambos conceptos: la ética empresarial. Un punto de partida es examinar las objeciones que algunas personas hacen para negar el papel de la ética en el quehacer empresarial. 

Es innegable que existe mucha resistencia a reconocer la validez de la ética en el mundo de los negocios. Suponemos que pueden ser los mismos empresarios o negociantes. Es posible que exista una desconfianza de la gente de negocio a todo lo que suene como moral o ético. Dicen, por ejemplo, que ética y negocio no mezclan, porque la empresa tiene sus propias reglas del juego, cuyo lema principal es hacer dinero.

Este argumento central gira en torno a la idea de que el objetivo empresarial consiste en maximizar beneficios, ya sea en términos de las tres "Ps" "plata", prestigio o poder. De ahí que en los negocios y en el mercado estamos en una guerra económica sin cuartel, donde cualquier medio es lícito, cualquier medio es justificado, siempre y cuando conduzca al fin deseado, que es ganar clientelas, obtener dinero, hacer rentable el negocio, etcéteras. En estos casos, la ética de una empresa debe limitarse, a lo sumo, a cumplir con algunas leyes laborales mínimas, o las leyes tributarias o de impuestos,  mínimas de ser posible. 

Dicen estas personas que la ley más importante que debe velar la empresa es la de los mecanismos del mercado, de la oferta y la demanda; lo único que debe preocupar a la empresa es posicionarse para ganar y ganar más dinero. La empresa no tiene por qué preocuparse del bien social, pues para eso está el Estado y los poderes públicos. Allá ellos, que intenten resolver las cuestiones sociales, y de imponer tributos e impuestos. 

Para esta concepción de la empresa, que es estrictamente utilitaria y puramente mercantil, la ética es un estorbo en el peor de los casos, o algo cosmético e hipócrita, en el mejor de los casos. Quien quiera dedicarse a los negocios, debe dejar la ética en la puerta de la empresa, como hacen los musulmanes con la sandalia a la puerta de la mezquita.

Pues bien, no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que esa concepción limitada y limitante no funciona, ha quedado atrasada, e incluso resulta contraproducente hasta para el propio negocio. 

El gran movimiento histórico de la ética en la empresa nace en los Estados Unidos de América durante las décadas de los 50 y los 60, y posteriormente en Europa, durante las décadas de los 80 y 90, y originalmente se llamaba "business ethics". Ese movimiento obedeció a numerosos factores, y entre los más significativos me parece que fue una sofisticación de algunos sectores, dentro de la misma sociedad capitalista, que empiezan a percibir los errores y los desaciertos del propio sistema de mercado a la ultranza.

Esos sectores eran estudiosos, críticos, artistas, muchos universitarios, muchos de tendencias liberales, de corrientes izquierdistas, socialistas moderados, intelectuales de la democracia cristiana bajo el famoso filósofo francés Maritain, algunos dentro del catolicismo europeo inspirados por un sacerdote economista, el Padre Lebret, y también influyeron notablemente las encíclicas papales relacionadas con el trabajo, la justicia social, la economía, y la propia empresa. 

Los escándalos de corrupción en el gobierno, como fue el caso de Watergate; los numerosos casos de deterioro en calidad y fraude en los productos, como el caso de accidentes de automóviles, de donde nace el famoso movimiento consumista de Ralph Nader en la década del 60 en EU; la alarmante brecha entre sociedades ricas y pobres, con la distribución injusta de riqueza, y la explotación de millones de seres trabajando en condiciones infrahumanas; la explotación y discrimen contra las mujeres; el discrimen racial, la depredación ecológica del Planeta; los escándalos financieros en instituciones bancarias, hipotecarias y de préstamos; esos y otros muchos factores, van creando una conciencia generalizada de que esa mano invisible de Adam Smith, que ha de velar por el mercado, en realidad es una mano interesada, visible y manipuladora, que beneficia a unos pocos en detrimento de la mayoría y en devastación de la Tierra. 

Era inevitable un alza en la voz moral de la ciudadanía. Era imprescindible un alerta en la conciencia ética de la humanidad. Era necesario un estado de alerta en las sensibilidades de los pueblos, porque la economía no puede marchar al margen de principios morales. La economía no puede dar su espalda a los valores éticos. Porque los valores éticos, precisamente, dan sentido y dirección al quehacer económico. 

Los mismos empresarios y negociantes se van percatando que la pérdida de credibilidad y de confianza de los consumidores, se traduce en pérdidas de ingreso, y eventualmente en quiebras. Esas experiencias van sedimentando una conciencia que la ética también es rentable por razones económicas. 

¿Qué pasa con el abandono progresivo de la sensibilidad moral en los negocios? La alternativa no es muy alentadora. Lo que ocurre es, en gran medida, lo que muchas sociedades, y nosotros mismos, hemos experimentado: se llama una sociedad desmoralizada.  

En eso mismo consiste estar desmoralizado: en haber perdido la capacidad para crear riqueza moral, que es el tesoro principal de la humanidad. Cuando hay riqueza moral se produce una sociedad en paz, en justicia y en solidaridad.

Una sociedad se deteriora cuando sus principales instituciones comunitarias pierden el sentido de sus fines, y  se encaminan exclusivamente a ser meros instrumentos para conseguir poder, dinero, prestigio o explotación. Eso puede ocurrir, por ejemplo, con el deporte, el arte, la educación, la política, la religión, los negocios, las relaciones interpersonales. Todas estas son actividades centrales a la vida humana, y en ocasiones, se usan primordialmente para ganar dinero, obtener poder, sacar prestigio o explotar a otro ser humano. En esos casos, la vida humana se empobrece, pierde sustancia espiritual, y las organizaciones, incluyendo la empresa, pierden rumbo, pierden dirección, andan sin sentido, a la deriva de sus fines superiores.

Lo que resulta es una sociedad desmoralizada, baja de forma, baja de moral, frágil de voluntad, con un carácter tan débil que se hace incapaz de responder a los retos de un nuevo mundo. Es innegable que en nuestra sociedad se producen fuertes críticas de inmoralidad contra las instituciones sociales, sean públicas o privadas. Para dar unos pocos ejemplos:  

    • en el caso de la política, se trata de corrupción y tráfico de influencias;

    • en la administración pública, es la ineficiencia e improductividad; en el mundo empresarial,  la adulteración de productos, los productos engañosos, la baja calidad, la publicidad mentirosa y manipuladora, las trampas a los clientes;

    • en el mundo financiero, la falta de transparencia, los manejos turbios, los excesos de avaricia del poderoso, la evasión contributiva, la falta de compasión por los débiles;

Frente a esos problemas, debemos reconocer el papel desempeñado por el movimiento ecológico en una ética aplicada a la conservación y equilibrio del Planeta.  Una lección que nos enseña la naturaleza es que los recursos naturales no son ilimitados. Eso también lo enseñaron los sabios y santos de la antigüedad. Desde Aristóteles a Séneca a  Santo

Tomás de Aquino, esos grandes pensadores de la moral, coinciden en el mismo consejo: es bueno conformarse con lo suficiente; es perjudicial irse a los extremos de la ambición y la avaricia. "La avaricia rompe el saco", reza un antiguo refrán.

Aristóteles decía que la medida de lo bueno y lo justo se encuentra en el punto de equilibrio, en el punto medio, que evita los excesos.  

La lección ecológica ha sido clara: es perverso explotar la naturaleza para extraerle el máximo beneficio. Exprimir en el presente los recursos, sin medida ni prudencia, podrá ser el pan para hoy, pero seguramente será el hambre para mañana.  

Un mínimo de sentido común nos aconseja regresar a esas cuatro virtudes añejas: la templanza, la justicia, la prudencia y la fortaleza. Nada nuevo bajo el sol, ya lo decía el Eclesiastés.

Existen muchos mitos en el mundo empresarial. La propia jerga que circula entre los empresarios da un buen ejemplo: expresiones como "lo que importa es ganar y hacer dinero"... "el mercado es una jungla"... "es un nido de serpientes"... son expresiones que suponen una ausencia o indiferencia de ética. 

Pues no. Los negocios no son amorales. No existe una zona moralmente neutra, como existe una zona franca de comercio en los aeropuertos. Hay que conciliar ética y empresa como una necesidad urgente de la sociedad, de las empresas y de cada individuo. 

Esto nos toca a cada uno de nosotros, como individuos, según veremos enseguida. 

La preocupación moral no es periférica, no es secundaria a la actividad empresarial. Es consustancial a ella. Es fundamental a ella. Afirmamos que es posible y necesario vivir éticamente en el mundo empresarial. Afirmamos que la ética empresarial debe asumir unos valores irrenunciables. Por ejemplo:  

    • la calidad de los productos y de la gestión

    • la honradez y la eficiencia en el servicio

    • el mutuo respeto en las relaciones internas de los empleados

    • el respeto a las clientelas externas de la empresa

    • el respeto por la verdad y por la justicia

    • el respeto por los compromisos lícitos

    • el cumplimiento de las leyes y normas que rigen la actividad en cada empresa.

    • una búsqueda constante de excelencia

    • acentuar la importancia de códigos éticos de conducta

    • sentar la importancia de la responsabilidad social de la empresa

Esa es la gran tarea que tienen por delante los empresarios del futuro: hacer explícitos los principios éticos que han de gobernar sus actividades comerciales.

Eso lo saben los grandes innovadores empresariales de todos los tiempos. Ellos saben que la confianza vende. Que la credibilidad vende. Que la honradez paga bien. Que la calidad es la mejor publicidad. Que la constancia en hacer el bien rinde más beneficios. Que la mentira se descubre. Que la falsedad siempre aparece. 

Una de las tareas más importantes del empresario ético es saber tomar decisiones. En el diario trajín de los negocios, existen numerosas ocasiones donde el empresario se enfrenta a dilemas éticos que debe resolver. Tiene que hacer un discernimiento moral que le permita tomar decisiones justas y correctas. Aconsejamos que se formule algunas cuestiones que pueden ayudarle a esclarecer el dilema o la situación. Por ejemplo, hagan un diagnóstico de necesidades y de situación. Piensen en lo siguiente:

  • Hay que discernir si se trata de una cuestión ligada a derechos, obligaciones, justicia, relaciones, integridad, u otro elemento de ese tipo.

  •   Hay que identificar quiénes han sido perjudicados, o pueden serlo en el futuro.

  •  Hay que ver si la situación mejora o empeora según las decisiones que se tomen.

  •   Hay que analizar las opciones más justas, más prudentes, más beneficiosas.

  • Sobre todo, hay que tener la valentía y la fuerza de voluntad para tomar los cursos de acción que sean éticos, aunque cueste ingratitud, malas caras, soledad.


Desde luego, sería absurdo pensar que con sólo llenar un cuestionario y unos blancos en papel, los dilemas o problemas se resuelven. Hay que ser rigurosos, sistemáticos y honestos en pensar a fondo cada caso, cada situación, cada circunstancia. 

La ética empresarial representa nuestro código moral para la economía del futuro. Nos exige, nos demanda y nos conduce por nuevos caminos personales y sociales. 

Nunca se olviden de que la ética empresarial nos exige ser firmes y claros en los valores que tenemos; nos exige ser constante en mantener esos valores; nos exige ser auténticos en nuestras acciones.  

Tomen en cuenta que la ética empresarial nos demanda valentía, justicia y prudencia, que son virtudes fundamentales en la persona que vive éticamente.  

La ética empresarial implica discernir el bien del mal, lo justo de lo injusto, lo correcto de lo incorrecto; y ese discernimiento es la base para decidir los mejores cursos de acción moral.

Sostenemos en esta Conferencia que la empresa debe vivirse como una empresa moral, que procure el desarrollo armonioso y pleno del ser humano, más allá de lo puramente económico.

Sostenemos que la ética define el carácter moral de una persona, es decir, su fuerza interna orientada al bien. Ese carácter es decisivo para el empresario, para el profesional, para el político y para todo ciudadano. Aunque los factores externos nos condicionen en algún sentido, es el carácter el centro último de la decisión que cada cual asume. Es indudable que las circunstancias influyen mucho, como dice la famosa expresión de Ortega, "yo soy yo y mis circunstancias". Pero habitualmente se subraya la parte de la circunstancia y se silencia la parte del yo...

Nosotros creemos que también se debe insistir en el papel decisivo que tiene el yo en las circunstancias de la vida.

Tal vez no tengamos mucho control sobre las cosas externas que le pasen a uno... pero sí tenemos control sobre nuestras reacciones, respuestas y actitudes ante las situaciones que nos ocurran. Ese control es el espacio interno de la libertad que tiene cada ser humano para tomar decisiones.  

Es en esa libertad donde se juegan las grandes batallas de la moral y los dilemas de la ética. 

Es en esas decisiones donde se prueban nuestros valores y principios. 

Cuando la libertad humana se aplica a tomar decisiones justas, correctas y tendientes al bien, es cuando más se ennoblece la dignidad de cada persona y el bienestar de toda la sociedad. 

En consecuencia, la ética empresarial es la expresión más alta de nuestra dignidad humana para la economía y los negocios.

Eres tú, en tu fuero interno, quien decide lo mejor para ti. 

Eres tú quien tienes la fuerza interior para asumir acciones. 

Esperemos que Puerto Rico sea ennoblecido con personas como cada uno de ustedes. Esperemos que en Puerto Rico surjan nuevos empresarios que fomenten una nueva concepción de la riqueza económica, una concepción fundamentada en valores éticos de justicia y solidaridad. 

Eres tú, con tus acciones diarias, quien puede hacer una diferencia. 

Eres tú quien escuchas día a día la voz de tu conciencia moral, y tienes la libertad para hacerle caso.

Confiamos que Puerto Rico verá renacer una nueva cultura empresarial que esté al servicio del ser humano; una empresa que supere los conflictos de capital y trabajo; una empresa que minimice la sed de avaricia y trascienda las ambiciones desmedidas; una ética empresarial que respete los valores perennes del ser humano para que vivamos con mayor dignidad y nobleza en todos los pueblos del mundo.

A esa mentalidad y conducta, hemos venido a invitarlos en este viernes por la noche. 

Confío que estas palabras, un tanto extensas, les ayude a pensar y reflexionar sobre su aportación profesional y ciudadana con Puerto Rico.  

 Muchas gracias por su paciencia.

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