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Asociación
de Industriales de Puerto Rico
72da Convención Anual
26 de agosto de 2000
Discurso
Muy
buenos días a todos:
Agradecemos
al Sr. Miguel Nazario, Presidente de la Asociación,
a la Junta de Directores y al Sr. William Riefkohl,
Director Ejecutivo, su gentileza de invitarnos
este día.
Me
gustaría empezar con lo que Freud llamaba sentido
de la realidad, que es tener conciencia de
lo que está ocurriendo en un momento dado.
El
sentido de la realidad me dice que mire mi
reloj y que los observe sentados en sus mesas,
a punto de almorzar... Imagínense el inconveniente
de este orador. Ya de entrada, tengo una competencia
desleal. No hay orador que compita con estómagos
hambrientos; ni siquiera oradores carismáticos.
Y mi caso es peor, porque además de no ser
carismático, tampoco estoy dotado de una figura
particularmente atractiva, salvo para una sola
persona que ni siquiera está aquí... mi esposa.
Como
yo también soy "mortal" y a esta
hora tengo hambre, seré lo más comedido posible.
Por favor no me quiten mis cubiertos... ¡Porque
a pan con mantequilla no sobrevive ni el Contralor!
Ya
que hablamos de sobrevivir... ese tema será nuestro
punto de partida para la digestión de esta
tarde. La tendencia primaria del ser humano
es sobrevivir, que significa eso mismo: vivir
sobre... pero vivir ¿sobre qué? Es importante
saberlo, porque en este mundo hay millones
de seres que sobreviven bajo situaciones inhumanas
que duelen a cualquier persona razonable y
sensible. Cualquiera de nosotros se indigna
cuando ve la cantidad de miseria, de injusticia,
de crueldad y de sufrimiento que padecen tantos
seres humanos, y que pudieran resolverse, si
existiera más buena voluntad y más disposición
de hacerlo.
En
este público damos por sentado unas necesidades
y unas condiciones para que la vida humana
sea lo más humana posible. Para que
los individuos sean felices y los pueblos tengan
prosperidad. Esas necesidades y condiciones
son de diversa índole: biológicas, económicas,
sociales, jurídicas, morales, espirituales,
entre otras. En Puerto Rico venimos ensayando
el experimento histórico más grande que ha
conocido la humanidad: se llama democracia,
vivir en libertad, con derechos humanos, tribunales
de ley, elecciones políticas, división de poderes
en el gobierno, mercados económicos abiertos
y una sociedad civil relativamente fuerte.
Bajo
esas prácticas y principios hemos constituido
en Puerto Rico unas formas de convivencia histórica,
que nos hacen un pueblo hospitalario, fraterno,
con una raigambre religiosa muy profunda. Somos
un pueblo de sólidas creencias espirituales,
de honda devoción a Dios, bajo las diferentes
formas de culto y creencias religiosas. Esa
tradición espiritual, según pensamos, debe
ser tomada en serio, porque tiene consecuencias éticas
para el comercio, los negocios y la política.
En nuestro caso, estamos convencidos que la
vida espiritual o religiosa comporta una dimensión
social y económica vinculada con la justicia,
el bien común y la honradez en los trabajos.
Pero
a veces nuestra realidad cotidiana se aleja
de esos principios, se aleja de esos valores
profundos. En estos momentos de reflexión,
nace en nosotros la urgencia de trabajar más
arduamente para construir un Puerto Rico que
enaltezca los valores del espíritu.
Sobre
esa sociedad, quisiéramos conversar con ustedes.
Cuando la Asociación de Industriales invita
al Contralor a su Convención Anual del año
2000, es porque reconocen tres cosas, al menos,
implícitamente.
Primero:
reconocen que en Puerto Rico existen problemas
económicos y de gobierno que debemos resolver
con prontitud y eficacia; y al mismo tiempo,
la Asociación reconoce que los puertorriqueños
tenemos algunas metas sociales en las que es
fácil ponerse de acuerdo. Entre esos problemas,
hay uno de suma prioridad, que es prevenir
la corrupción; y entre esas metas, hay una
de suma importancia, que es mejorar nuestra
administración pública.
Segundo:
la Asociación de Industriales sabe que es un
instrumento para ayudar a controlar la corrupción,
y para colaborar en el mejoramiento de nuestra
administración pública.
Y
tercero: ustedes reconocen a la Contraloría
como una agencia pública que trabaja con responsabilidad
y seriedad. Déjenme ser muy claro en este punto.
Nosotros no venimos a darnos coba. Ese no es
mi estilo, nunca lo ha sido, y pedimos porque
nunca lo sea. No venimos a prender fuegos artificiales
para hacer cheerleading a la Contraloría.
Pero
tampoco hacemos alarde de falsa inmodestia.
Es verdad que en la Contraloría nos tomamos
en serio nuestras obligaciones. Tenemos una
encomienda constitucional y juramos defenderla.
Si alguien piensa que nuestro juramento el
2 de octubre de 1997 fue un acto demagógico,
pues está muy equivocado, como ha sido evidente
en los pasados 35 meses de trabajo.
Desde
1952, la Contraloría de Puerto Rico ha sido
una agencia respetada y confiable, porque sus
servidores públicos saben que el pueblo les
juzga constantemente por la transparencia de
sus obras, por la efectividad de su trabajo
y por la honestidad en cumplir el deber. Ahora
somos casi quinientos funcionarios, y yo les
ratifico que me siento honrado y orgulloso
de trabajar con un equipo de profesionales
de la más alta responsabilidad y compromiso
con el servicio público.
Creemos
que la Asociación de Industriales, al invitarnos
a esta Convención, está demostrando un genuino
interés en colaborar con los esfuerzos que
estamos haciendo para que el pueblo de Puerto
Rico cuente con los mejores recursos humanos,
las tecnologías más avanzadas, los sistemas
más efectivos, los principios gerenciales modernos
y los valores éticos que propician una Administración
Pública cada vez más eficiente, efectiva y
honesta. Eso lo estamos promoviendo en las áreas
que atañen a los trabajos de la Contraloría,
que es la fiscalización y la promoción del
buen uso de los fondos y la propiedad públicos.
Nos
llena de satisfacción y esperanza saber que
este grupo de empresarios, organizados en la
Asociación de Industriales, toma riendas de
su liderazgo a favor de una sociedad más justa,
más ordenada, más eficiente, más productiva
y sobre todo, más transparente en las reglas
del juego y las normas que rigen las relaciones
entre el Gobierno y el sector privado de nuestra
economía.
A
pesar de lo que algunos quieran decir, o les
convenga creer... ¡nosotros hoy afirmamos que
estamos ganando la guerra contra la corrupción!
Puerto
Rico cuenta con los recursos y el potencial
para tener una Administración Pública de excelencia
ante el mundo. Pero no podemos engañarnos.
Prevenir la corrupción y tener una Administración
Pública de excelencia, no ocurre automáticamente.
Se requiere mucho esfuerzo, porque el camino
es duro, es cuesta arriba, y a veces es ingrato.
Se
nos exige mucha seriedad para estudiar las
causas de los problemas, y no perder tiempo
ni dinero remendando los efectos o consecuencias.
Ningún negocio exitoso, y ninguna política
pública inteligente, se da el lujo de estudiar
los mercados con enfoques simplistas o de aplicar
políticas públicas superficiales, triviales
o improductivas.
Para
resolver los problemas de fondo en los mercados
económicos y en los gobiernos de un país como
el nuestro, se requiere seriedad intelectual
para entender los fenómenos; se requiere voluntad
política para aplicar las soluciones; y se
requiere fortaleza moral para vivir con rectitud
de conciencia, sabiendo que hay actos que se
deben o no se deben hacer, y actuando en correspondencia
con ese deber moral.
En
los mercados privados y la administración pública
existen prácticas provechosas que han beneficiado
a Puerto Rico. Eso nadie lo niega. Tenemos
avances tecnológicos y mucho conocimiento empresarial.
Pero también hay prácticas indeseables, tanto
en sentido económico, por su improductividad,
como en sentido moral, porque atenta contra
la dignidad y la justicia humana.
En
las relaciones que regulan la interacción entre
el sector público y privado todavía tenemos
procesos ineficientes, normas que retrasan
los trabajos, procedimientos sin sentido, duplicación
de esfuerzos, derroche de recursos, tecnologías
inadecuadas, sistemas ineficientes, condiciones
que propenden a la corrupción, prácticas que
inducen a actos ilícitos, leyes obsoletas,
personas incompetentes o irresponsables...
y podemos seguir enumerando problemas que deberían
resolverse ahora mismo, no mañana, porque no
hace falta nombrar más comisiones de estudio...
Ya conocemos los diagnósticos, ya entendemos
las causas, ya identificamos la prognosis,
y también sabemos las soluciones.
Es
necesario una unidad de esfuerzos entre ustedes
y nosotros para erradicar hábitos y prácticas
sociales que deterioran la fibra moral de nuestros
negocios y gobiernos. Aquí nadie es novato
en este juego, y no es mi propósito darles
una lista específica de ejemplos, que ustedes
fácilmente pueden imaginar.
Bueno, ¿y
qué podemos hacer? ¿qué estamos dispuestos
a hacer?
Desde
hace casi tres años, la Oficina del Contralor
viene trabajando sobre un conjunto de medidas
para corregir las condiciones que provocan
corrupción, pero desde sus causas y raíces,
no en los síntomas ni las ramas.
Hemos
participado en foros educativos, empresariales,
profesionales, en los medios de comunicación;
hemos visitado personalmente los 78 municipios
para explicar los enfoques financieros de una
buena administración municipal; dimos a conocer
un folleto con "Diez principios para lograr
una Administración Pública de Excelencia";
propusimos a los partidos políticos casi 50
recomendaciones de Cero Tolerancia a la Corrupción.
Ahí hay de todo para todos. Sin colores partidistas,
ni sabores ideológicos, sin banderas particulares,
ni preferencias de status, sin arrinconar a
unos para favorecer a otros. Nada de eso. Como
en los Rayos Gamma, pero al revés, ¡beneficiando
a todos por igual!
Hemos
exhortado a favor de la ética pública, porque
sostenemos la convicción de que los valores
morales que tiene un ser humano, sus creencias
sobre lo que está bien o mal, lo justo e injusto,
lo correcto o lo incorrecto, son fuerzas que
influyen poderosamente en su comportamiento
profesional, en su vida política y en su desempeño
como funcionarios del Estado.
Pero
falta mucho por hacer. Nos falta más coordinación
y más iniciativas conjuntas entre las instituciones
del Estado, los gobiernos y la empresa privada.
Hay que encarar de frente los problemas de
prevención y control de la corrupción. Hay
que encarar de frente las muchas maneras que
tenemos para mejorar nuestra administración
pública, a todos los niveles, municipales y
centrales.
No
hay tiempo que perder. Tenemos que hacerlo
con prontitud y eficacia. Basta tener dos cosas:
seriedad y voluntad. Seriedad para pensar claramente
el camino a seguir; voluntad para recorrer
ese camino responsablemente. Es voluntad política,
porque se juegan cuestiones de poder e influencia;
es voluntad moral, porque es la conciencia
enfrentada consigo misma para tener el coraje
y la valentía de hacer lo que es debido hacer.
De
los griegos tenemos una importante lección:
no hay ciudad posible sin ciudadanos dotados
de virtud política y moral. Virtud política
es el ejercicio del poder para el bien común.
Virtud moral es la aplicación de normas éticas
en la vida pública. Según Sócrates, si todos
los ciudadanos no poseen el sentido del respeto,
de la justicia y del deber hacia los demás,
los habitantes de la ciudad se destrozarán
entre sí y se hará imposible una convivencia
de paz. Esas cualidades que nos permiten vivir
con justicia y respeto, Sócrates le llama "virtud",
que es la fuerza del carácter que nos hace
sólidos en las convicciones y firmes en los
principios.
Puerto
Rico entero es nuestra ciudad. A veces tenemos
la impresión de que no formamos una comunidad
de personas respetuosas y libres, sino un conjunto
de agresores y atemorizados.
En
esta Convención, hacemos un reclamo a todas
las instituciones públicas, a los partidos
políticos, a los Industriales y todo el sector
privado. Es un reclamo para legar a nuestros
hijos y descendientes, un país con gente honrada
y bien preparada; con oportunidades de trabajar
dignamente; con justicia y respeto entre todos.
¿Ustedes
creen, sinceramente, que es mucho pedir a nuestra
generación de líderes y empresarios? ¿Es una
quimera reclamar al sector público y al sector
privado que trabajen unidos para el bien de
Puerto Rico? Pues, les diré la verdad: algunos
quisieran que lo fuese, para seguir con sus
trampas, sus maldades y sus esquemas de corrupción.
En
esto, nadie se engañe tampoco. Mucho del fraude
y de la corrupción que tenemos son pocas vergüenzas
individuales. La avaricia humana es un virus
moral gravísimo, que se introduce en el sistema
emocional y psíquico de las personas, y adormece
la conciencia, haciendo que la gente mienta
sin ningún escrúpulo y con la desfachatez más
descarada.
Miren
mis amigos: vamos ahora a imaginarnos cualquier
escena, sea personal, familiar, de negocio,
de amistades, de política, la que sea... nada
hay más bochornoso y más patético que estar
hablando con una persona... esa persona le
está diciendo a usted una mentira obvia...
esa persona sabe que usted no se está tragando
el embuste... esa persona sabe que está mintiendo...
y a pesar de eso... le dice la mentira con
una convicción de inocencia que lo pone a uno
a llorar como una telenovela.
Pues
eso mismo es lo que pasa con fraudes y corrupciones.
La avaricia mata el sentido de realidad y de
perspectiva. La gente pide cualquier cosa.
Y luego dicen que están colaborando con ideales
políticos de sus partidos de afiliación. Muchas
veces usan esos argumentos como excusas y coartadas
para ocultar los beneficios personales, estrictamente
individuales.
Por
eso nosotros decimos que la corrupción no tiene
color partidista ni ideología política. Los
corruptos tienen que perder la confianza del
pueblo y de los partidos. Que no se oculten
tras la fachada falsa de ideales patrióticos,
porque eso no es verdad.
Nosotros
abogamos por otros valores, defendemos otros
principios y proponemos otras formas de convivencia
social. Nosotros estamos dispuestos a construir
una sociedad con gobiernos transparentes que
rindan cuentas al pueblo; con funcionarios
y empleados que sean responsables y competentes;
con una mayor colaboración entre la industria
y el gobierno para juntos crear el país que
nos haga sentir orgullosos de vivir en Puerto
Rico.
Nosotros
exhortamos también a que las empresas de Puerto
Rico fortalezcan o instituyan sus códigos de ética,
e incluyan en sus enunciados de misión los
valores morales que sostienen el trabajo de
los inversionistas, los ejecutivos, los empleados,
los trabajadores, de todos. Hay quienes piensan
que para hacer negocio hay que olvidarse de
la ética, porque los negocios tienen sus propias
reglas de juego, que es maximizar beneficio
a toda costa, por lo cual, cualquier medio
es útil si se logra el fin deseado. Pues ese
pensamiento además de equivocado, es sumamente
peligroso, porque conlleva una doble ruina:
la ruina moral y la ruina económica.
Las
empresas y los negocios tienen una responsabilidad
social, que trasciende lo meramente utilitario
en términos de dinero, capitales o acciones.
Cuando se promueven y fomentan las conductas éticas,
se obtienen otros beneficios superiores, en
la moral individual de las personas, en la
moral del trabajo en equipo, y en un clima
general de respeto y satisfacción por el buen
trabajo que se realiza.
Promover ética
en las empresas, tiene además otra gran ventaja.
Cuando se ayuda a que las personas actúen con
rectitud y tomen las decisiones correctas,
se hace más fácil instaurar mejores sistemas
de control y de calidad. Los directivos y empleados
con buena formación moral tienden a producir
mejores sistemas de trabajo, son propensos
a desarrollar mejores mecanismos de control,
y no tienen ningún reparo a establecer mejores
procedimientos de calidad, porque esos directivos
y empleados no están invirtiendo su tiempo
en ocultar las trampas y fechorías que hacen.
Este
punto nos conduce directamente a entender la
Asociación de Industriales de manera un tanto
literal, para lo cual acudimos al diccionario
de la Real Academia Española. Allí encontramos
una definición muy interesante del vocablo "industria".
Dice que es la "destreza o artificio para
hacer una cosa". Es decir, se trata de
las operaciones para producir algo que tenga
valor y que sea transferible o comerciable.
Puede ser un bien, un servicio, un producto.
Pues
nosotros hoy les sugerimos una nueva concepción
de la INDUSTRIA. Una concepción que trasciende
al sector empresarial, al sector público y
al sector sin fines de lucro -el tercero de
la economía-. Una concepción de la industria
que lo trasciende a todo porque nos incluye
a todos.
La
auténtica industria es aquella que produce
seres humanos éticos, honrados y decentes.
Vamos a hacer industria con nosotros mismos.
Industria de nuestros valores éticos. Industria
de nuestras creencias morales. Industria de
nuestras convicciones y principios.
Esa
industria comienza en el nacimiento, se nutre
en el hogar, se cultiva en la familia, se continúa
en la escuela y se expande en todas las instituciones
de la sociedad, privadas y públicas.
Vamos
a industrializar nuevamente a
Puerto Rico. Vamos a producir personas educadas,
de buena voluntad, respetuosas, gente de paz,
de justicia, que busquen el bien común de todo
el pueblo. A esa gran INDUSTRIA MORAL Y DE
VALORES apelamos.
Muchas
gracias.
Manuel
Díaz Saldaña
Contralor de Puerto Rico
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