Discurso
Actividad de Premiación a Estudiantes Graduados
Destacados
Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras
Facultad de Administración de Empresas
26 de junio de 2002
Muy
buenas días a todos
Nos
sentimos muy honrados de poder acompañarles en este acto tan significativo
para todos nosotros. Damos las gracias al señor
Decano, Profesor Juan Carlos Alicea, por su gentiliza
de invitarnos a decir unas palabras.
Queremos,
en primer lugar, felicitar a cada uno de los
Estudiantes Graduados
que hoy reciben su premiación. Esta ceremonia
ratifica que este grupo selecto de graduados
tiene cualidades muy sobresalientes. cualidades
que el resto de la población estudiantil universitaria
no ha demostrado. Eso es un logro extraordinario
que debemos reconocer públicamente y hoy somos
testigos de ese reconocimiento.
Esta
felicitación queda incompleta
si no reconocemos a las familias de los estudiantes,
por el apoyo y sacrificio que hacen en respaldarlos
durante estos años. Y de manera muy especial,
queremos felicitar y reconocer el trabajo que
hace la Facultad en su empeño por enseñar conocimientos,
valores y actitudes que son difíciles de comunicar
pedagógicamente y que ciertamente lo han hecho
con notable éxito, como estamos presenciando.
Ahora
les daré una buena noticia.
Aunque el señor Decano me concedió dos horas
y media para este discurso, y tengo hasta la
hora de almuerzo para hablarles, hemos tomado
una decisión favorable a ustedes. Vamos a aplicar
una auditoría estricta en uno de nuestros criterios
para hablar en público, que es moderación.
Por lo tanto, decidimos usar de esas dos horas
aproximadamente unos 18 minutos. Si quieren,
podemos hacer un control de calidad y que alguien
me tome el tiempo.
Como
el tiempo es breve, también
el mensaje debe ser claro y directo, además de
breve también. Éste es mi mensaje a ustedes:
No
hay posibilidad de cambiar el mundo externo,
si paralelamente
no cambiamos interiormente nuestro carácter
moral. Esa es la gran tarea del ser humano:
cambiar interiormente. Cambiar para el bien,
para la verdad, la paz y la justicia.
Eso
es lo que queremos decirles. Puerto Rico necesita
muchas cosas, pero pocas
son más importantes que una profunda transformación
interior de cada ciudadano para ser mejor persona.
A eso le llamamos el carácter moral.
Es interesante darnos cuenta
que estamos en la Facultad de Administración
de Empresas. "Administración de Empresas" son
vocablos que simbolizan otra dimensión de la
realidad, y que ahora podemos usar como punto
de partida.
La
palabra ad-ministrar tiene el prefijo "ad" que indica una dirección,
y el verbo transitivo "ministrar" que
significa servicio, ministerio. ¿Qué es lo que
nosotros administramos en verdad?
Pues
administramos la empresa más importante de todas. ¿Cuál es esa empresa?
La palabra "empresa" viene del italiano, "impresa",
que es una acción para imprimir algo, para que
algo se haga realidad, y al imprimirlo implica
un esfuerzo arduo. Toda empresa comienza, continúa
y avanza a base de esfuerzos, de sacrificios
y de valentía.
¿Cuál es la empresa que debemos
administrar con valor, con resolución y con coraje?
Es la más importante de todas: ¡nuestra propia
vida!
Hoy
les proponemos que administren lo más importante
en su vida: su carácter
moral. El carácter moral es el modo de ser
que da fuerza a nuestra vida, que nos imprime
solidez para salir adelante, y que nos recuerda
nuestro verdadero origen y finalidad.
Somos seres que venimos al
mundo con la dignidad de ser hijos e hijas de
Dios. Ese es nuestro origen. Y estamos en la
vida con la finalidad de ser instrumentos de
la Voluntad Divina para construir un mundo mejor,
un mundo donde reine el bien, la justicia y la
felicidad para todos.
Que
nadie espere cambiar el mundo exterior si previamente
no trabaja arduamente
para cambiar interiormente. Y cambiar significa
transformar su conciencia profunda de sí mismo. ¿Conciencia
de qué? Precisamente de nuestro origen y finalidad.
Y de que tenemos los recursos internos para cumplir
el cometido de la vida. Ese recurso interno es
el carácter moral.
Tener
carácter es no vivir
pasivamente, a remolque de las circunstancias,
como una veleta que se mueve según soplen los
vientos. Tener carácter es vivir intencionalmente
a base de prioridades y de valores. Prioridades
para dirigir la vida y valores para apoyarla
cuando las cosas se nos ponen difíciles.
No
temas a las adversidades. Cuando te encuentres
con un obstáculo piensa
que estás en el cruce de dos caminos: carácter
o complacencia. La complacencia es la línea del
menor esfuerzo, no luchar, creer que todo da
igual, que no vale la pena hacer sacrificios,
ni perseverar. Universitarios como ustedes no
escogen ese camino.
Cada
vez que escoges ser una persona de carácter te haces más fuerte, te haces
más íntegro, aunque a corto plazo, puedas sentir
la soledad, la incomprensión o la ingratitud.
Hablar
es fácil. Cualquiera
puede decir lo que quiera. Soy íntegro, soy honesto,
soy confiable, soy trabajador. Eso lo dice cualquiera.
Pero lo que realmente determina el carácter de
una persona es su acción, su conducta, su obra.
Ese es el indicador verdadero. Hay que llevar
a la práctica los valores y creencias que nos
hacen mejores seres humanos. Eso hay que hacerlo
todos los días, en cada momento, en toda circunstancia.
Tu
carácter determina quién
eres. Lo que eres determina lo que ves. Y lo
que ves determina lo que haces. Es por eso que
nunca puedes separar el carácter de la acción
y de la percepción.
Cuando
encuentres que un líder
dice una cosa y hace otra, y que sus intenciones
están en conflicto con sus acciones, entonces
mira a su carácter para encontrar el porqué.
La hipocresía y falsedad del ser humano se deben,
muchas veces, a que las personas tienen miedo
de la verdad, tienen miedo a las consecuencias
de la verdad, de enfrentarse a sí mismos con
sus defectos y pecados, para no corregir, para
no enmendar, para no hacer esfuerzos de mejorar.
Hay
muchas cosas en la vida de las que no tenemos
control. No escogimos a
nuestros padres ni hermanos. No escogimos la
raza, el lugar de nacimiento, la constitución
física, los componentes genéticos, ni las circunstancias
en que crecimos, ni el coeficiente de inteligencia.
Nada de eso lo hemos escogido voluntariamente.
Hay muchas cosas en la vida que debemos aceptar
tal cual son, y lidiar con ellas lo mejor que
uno puede.
Pero
sí podemos educar y forjar
nuestro carácter. En realidad, nos estamos creando
todos los días cada vez que hacemos una elección,
cuando evadimos o enfrentamos una situación difícil,
cuando actuamos de una manera en vez de otra.
Te
diré algo de mi experiencia
profesional cuando tenía oficina privada y luego
en el servicio público. He visto a mucha gente
subir a niveles altos de poder, ejerciendo mucha
autoridad y mucha influencia. Pero algo les pasó que
se precipitaron en una caída de corrupción, deshonestidad,
de mentiras, de distorsionar los hechos, de manipular
la verdad, y que finalmente terminan desprestigiados,
sin credibilidad ninguna, convictos y hasta encarcelados. ¿Qué les
pasó?
Hay
muchas explicaciones. Para mí, una de las más importantes es que tenían
un carácter moral débil. Les faltaba espina dorsal
moral. Se les debilitó su esqueleto ético. Cuando
una persona tiene debilidad moral, cuando tiene
desnutrición ética, entonces le falta carácter
para enfrentar las tentaciones y para enfrentar
los dilemas de la vida. La integridad moral es
la que nos sostiene en medio de los grandes problemas
que diariamente enfrentamos.
Yo
creo que existe una enfermedad del alma que
se llama anorexia moral. Es una
sombra oscura, es un virus maligno que penetra
en la persona, le corrompe su conciencia y le
mata su sensibilidad. He visto cinco síntomas
muy peligrosos, que manifiestan esa enfermedad.
Te los menciono para que los tomes en cuenta
y observes cautelosamente cada vez que aparecen.
Son la arrogancia, la avaricia, la ambición incontrolada,
el egoísmo, y una búsqueda destructiva de aventuras.
Todos son manifestaciones del materialismo en
que estamos inmersos.
Medítalos y verás la verdad
de lo que te digo: la persona arrogante, la persona
llena de avaricia, la persona ambiciosa que siempre
está hambrienta de tener, de acumular y poseer
más, que sólo vive para sí encerrada en su egoísmo,
y con tendencias a sabotearse viviendo aventuras
y placeres destructivos. esa persona inevitablemente
termina mal, y quienes están a su alrededor,
como víctimas y cómplices, también acaban igualmente
destruidos.
Yo les aseguro una cosa: la
felicidad no se compra con el dinero, ni se obtiene
con el poder, ni se adquiere inflando al ego
ni la vanidad.
Hace
muchos años me enseñaron
tres sencillas lecciones sobre cómo mejorar el
carácter, que las comparto contigo.
Primera,
busquemos las grietas principales en nuestra
vida, donde tengamos un área
de debilidad de carácter, o un problema particular
recurrente, algo que estemos pasando por alto
y que hace tiempo debimos corregir.
No
solamente ver ese lado negativo, desde luego,
porque también tenemos áreas positivas
del carácter que nos sirven de palanca para avanzar.
No hay ninguna duda que ustedes tienen cualidades
muy buenas y muy positivas que los distinguen.
Por
ejemplo, han demostrado un compromiso con el
estudio. Y sepan que estudiar
es una forma de trabajar, porque se trabaja con
la mente, con las ideas, con el conocimiento,
y eso requiere tiempo, paciencia y esfuerzo.
Ustedes han demostrado excelencia académica,
liderazgo, superación, cooperación, entre otras
grandes cualidades que hoy les reconocen.
Perseveren
en el desarrollo de esas cualidades, siguiendo
la parábola de
los talentos. A quienes mucho se les da, mucho
se les exigirá. Es indudable que ustedes han
sido bendecidos con mucho talento, y ahora están
llamados a poner ese talento al servicio, al
ministerio, de nuestra sociedad.
Pues
esa es la primera lección:
conocerse a uno mismo en lo bueno y lo menos
bueno, para fortalecer lo primero y eliminar
o controlar lo segundo.
La
segunda lección es aprender
a afrontar las consecuencias de nuestras acciones.
El comienzo de la transformación interior empieza
con asumir las responsabilidades de uno mismo.
Nada hay más importante que enfrentar los defectos
con valentía y resolución, sin excusas ni racionalizaciones.
Nada hay más importante que ser veraz con uno
mismo. Esa veracidad implica mirarnos sinceramente
tal cual somos, sin engaños, viendo lo que no
sirve para cambiarlo, y apreciando los talentos
para cultivarlos.
Y
tercera, construyamos el presente con las fuerzas
de nuestro carácter.
Esas fuerzas son básicamente tres: la voluntad,
la inteligencia y el amor.
Concentra
en cambiar ahora mismo. El pasado ya pasó, tenemos que perdonarlo,
y ponerlo en manos de Dios. El futuro no está en
nuestras manos inmediatas. Nosotros no sabemos
ni controlamos lo que pasará la semana que viene,
ni siquiera esta misma noche. La única forma
es sembrar en el presente las semillas que se
podrán cosechar después.
El momento presente lo estamos
construyendo con las decisiones y acciones que
hagamos ahora mismo, minuto a minuto. Estas decisiones
y acciones, a su vez, son las semillas que gestan
el futuro, que atraen condiciones y producen
circunstancias favorables.
Voluntad,
inteligencia y amor, son los tres grandes nutrientes
que alimentan
nuestro carácter moral. Pon fuerza de voluntad
en hacer lo que debes hacer, colocando siempre
tu obra ante la presencia de Dios. Pon inteligencia
en tus acciones, para que tengas claridad mental
en tus objetivos, para conectarte con la realidad,
para que comprendas la verdad, y para ser efectivo
en tus estrategias de vivir.
La
voluntad y la inteligencia se deben construir
a base de amor, que es la
fuerza divina en el corazón humano.
Si
hemos de ser instrumentos auténticos de Dios en el mundo, si hemos de construir
y edificar un reino de justicia, de paz y de
felicidad, sólo podemos hacerlo convirtiendo
nuestra vida y trabajo en una expresión del mandamiento
más alto, más puro y más digno que jamás ha sido
dado a los hombres.
Mi
deseo y oración para cada
uno de ustedes, en este día de premiación académica,
es que sean vehículos de esa manifestación del
amor en sus vidas, dando al mundo lo mejor que
tienen de sí.
Y
que en todo momento, puedan seguir construyendo
un carácter moral que exprese
lo que verdaderamente son: hijos de Dios y hermanos
entre sí, unidos por la bondad y la fraternidad.
Muchas gracias
Manuel
Díaz Saldaña
Contralor de Puerto Rico
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