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Manuel
Díaz
Saldaña
Contralor de Puerto Rico
Colegio de Contadores
Públicos Autorizados
de Puerto Rico
Convención 2003
Escalando la Cima: Foro de Excelencia
Excelencia en la Administración Pública
29 de agosto de 2003
Muy buenos días.
Agradezco la invitación a participar
en este Foro con personas tan distinguidas a
quienes saludo respetuosamente.
Nos piden reflexionar sobre la Excelencia en
la Administración Pública. He organizado
esta presentación en siete partes:
1. Una concepción de la "administración
pública" y de la "excelencia".
2. Una interpretación del buen gobierno.
3. Cuatro problemas a resolver.
4. El nuevo enfoque preventivo de la Contraloría.
5. Diez principios de excelencia administrativa.
6. El ejemplo de los municipios y las recomendaciones
que hicimos el 15 de diciembre de 1999 para
combatir la corrupción y fomentar buenas prácticas
de administración pública.
7. Observaciones finales.
1. Administración Pública
y Excelencia
"Administración Pública" conforme
dice el profesor Leonardo Santana Rabell, de
la Universidad de Puerto Rico, es el "conjunto
de instituciones, decisiones y acciones del Gobierno
vinculadas con la elaboración, implementación
y evaluación de políticas públicas,
así como el manejo de sus organizaciones
y actividades." Esto significa que los recursos
humanos y materiales del sector público
están encargados de asegurar dos tareas
principales: la ejecución de la ley y
el funcionamiento de los servicios públicos,
ambas tareas enfocadas al bien común.
El Estado cuenta con unos sistemas administrativos
y técnicos que movilizan la gestión
del gobierno, y por tanto, es obvia su importancia
en los tiempos presentes, en los que la influencia
estatal penetra tan hondamente en todas las esferas
de la colectividad que jurídicamente representa.
De ahí el reclamo de una administración
pública bien administrada, con las implicaciones
de esas dos palabras.
"Excelencia" la entendemos como niveles
y estados de plenitud o perfección del
ser humano y sus obras. Cuando estamos ante la
excelencia, lo sabemos. Se despierta un sentimiento
de admiración por la bondad, verdad, belleza
o grandeza de ese algo o alguien que llamamos
excelente. Creemos que el ser humano puede elevar
su ser al máximo del potencial, expresando
sus mejores cualidades latentes, que en última
instancia son de índole espiritual. En
consecuencia, también, las obras creadas
por el ser humano, como las instituciones del
gobierno, pueden expresar las más altas
cualidades de excelencia.
En tales términos, la medida
de la grandeza de un pueblo, y de su administración pública,
está determinada:
- por cuán alto colocamos
la vara del ideal
- por el esfuerzo que hacemos en alcanzarla
- por llegar a ella y por mejorar esa
medida continuamente.
Colocar alta la vara de la administración
pública significa tener voluntad de enfrentar
la corrupción, la incompetencia, la desidia,
los sistemas inefectivos, las condiciones de
injusticia, y otros malestares que corroen los
gobiernos; y que esa voluntad se haga realidad
aplicando prácticas administrativas que
caracterizan a un buen gobierno.
¿En qué consiste ese gobierno?
2. El Buen Gobierno
En las sociedades democráticas existe
un consenso entre los ciudadanos de que el buen
gobierno es: eficiente en procesos, eficaz
en resultados, responsable en rendir cuenta de
sus
deberes y honesto en el manejo de los bienes
públicos. De ese gobierno esperamos integridad,
es decir, que sus partes funcionen en armonía
y coherencia, con los mejores resultados esperados.
Un buen gobierno, por tanto:
- defiende la justicia, aplica leyes y sanciones
- promueve derechos humanos, culturales
y ecológicos
- salvaguarda el bien común, la seguridad
y la salud pública
- facilita una buena educación, sea pública
o privada
- provee buenas infraestructuras de servicios
- controla la corrupción de manera
efectiva y
- promueve el desarrollo económico.
En sociedades democráticas y pluralistas, ese gobierno debe tener la
capacidad y la resolución de resolver conflictos y conciliar intereses;
de arbitrar rivalidades; y sentar bases para el bien común.
En la experiencia diaria de la gente, todos
queremos un gobierno donde usted vaya a una oficina
pública en búsqueda de servicios
y siempre sea atendido con respeto, cortesía,
rapidez y efectividad.
Hoy por hoy, lograr esas aspiraciones es algo
extraordinario. Pero con el ideal que propone
este Foro lo extraordinario se convierte en algo
corriente, común, ordinario, tal como
debe ser. En síntesis, queremos gobiernos
guiados por la ley, fiscalmente responsables,
administrativamente eficientes y de integridad
en los fines y medios que persigue.
3. A resolver grandes problemas
Cuando llegamos a la Oficina del Contralor en
1997 nos dimos a la tarea de implantar principios
y prácticas que facilitaran esos ideales
del buen gobierno. Juramentamos trabajar arduamente
para lograrlo. De inmediato iniciamos unas innovaciones
para responder a los tiempos actuales. Entre
ellas, el énfasis en la prevención,
el establecimiento de Principios de Excelencia
Administrativa, la práctica de Calidad
Total, un conjunto de Recomendaciones para Combatir
la Corrupción y Fomentar Buenas Prácticas
de Administración Pública (formuladas
el 15 de diciembre de 1999), Planes Estratégicos
de Desarrollo Institucional, nuevas tecnologías
de información y una reorganización
de estructuras y divisiones.
La razón que nos impulsó a implantar
rápidamente esos cambios fue la urgencia
de resolver unos problemas que un buen gobierno
debe enfrentar. Estos problemas son cuatro: la
corrupción, la desconfianza hacia el Estado,
la politización partidista de instituciones
gubernamentales y sistemas ineficaces de funcionamiento
gubernamental.
En primer término, vivimos una época
de desconfianza hacia las autoridades públicas
y el Estado en general. Raro es el país
en donde los funcionarios y políticos
no son puestos en tela de juicio. La crisis de
legitimidad de los Estados es similar a la desconfianza
con las corporaciones multinacionales y las compañías
de contabilidad y auditoría que les ocultan
sus actos delictivos. Los problemas de corrupción
empresarial privada y de corrupción de
los Estados son cuestiones complejas que exigen
un nivel muy alto de atención y corrección.
No se resuelven con campañas publicitarias
ni discursos fogosos, sino con modelos sofisticados
de acción correctiva que indaguen causas
y las erradiquen de raíz. Y desde luego
con una voluntad indómita para lograrlo.
En segundo término, aún persiste
la fuerte corriente que empezó en las
décadas de los ochenta y noventa del siglo
pasado cuando varios gobernantes del mundo, con
Estados Unidos e Inglaterra a la cabeza, basaron
sus campañas y sus gobiernos en un insistente
ataque contra el Estado y la administración
pública. El ataque exagerado e irracional
a los aparatos estatales provocaron con frecuencia
la desmoralización y confusión
de los mismos. Los servidores públicos
honestos y competentes, en todo el mundo, escuchaban
los clamores para eliminar, sin justificación
comprobada, estructuras y servicios necesarios
del Estado. Se llegó al extremo de decir
que los estados eran ingobernables. Nosotros,
por el contrario, creemos que los países
se pueden gobernar si se dan las condiciones
para hacerlo.
En tercer término está la influencia
de los partidos políticos para politizar
las instituciones públicas. Es incuestionable
que lo administrativo forma parte del proceso
político, pero cuando un gobierno subordina
las funciones técnicas y operacionales
de rendir servicios a las determinaciones político-partidistas,
entonces obstaculizan a la administración
pública el ejercicio de la racionalidad
y de la prudencia, tan necesarios para cumplir
sus funciones. Esta supeditación de la
administración a la política es
un problema muy serio que tenemos que resolver
en Puerto Rico.
Y en cuarto término están los
problemas de sistemas obsoletos, estructuras
disfuncionales, normatividad anticuada y procesos
inefectivos en el interior de las propias instituciones
públicas, que se agrava cuando los funcionarios
son incompetentes, negligentes o influenciados
por la corrupción.
Hay que enfrentar esos problemas con instrumentos
analíticos y estrategias eficaces a fin
de convertir la administración pública
en una gestión de responsabilidad, integridad
y honestidad.
Curiosamente, estos problemas traen un saldo
positivo. El reto de llevar a cabo programas
de gobierno y políticas públicas –digamos,
en salud, educación, servicios básicos,
seguridad- con muchos menos recursos, en culturas
de corrupción, con burocracias administrativas
politizadas, con la competitividad del sector
privado, y una sociedad civil más ilustrada,
ha realzado la importancia de crear condiciones
de excelencia en la administración pública.
Esperamos que los esfuerzos combinados del sector
privado empresarial, de la sociedad civil y de
los funcionarios del Estado hagan inevitable
gobernar a Puerto Rico en el marco de unas finanzas
más equilibradas, bajo exigencias sociales
de austeridad, con una eficiencia mayor y transparencia
en rendir cuentas a la sociedad. En otras palabras,
la administración pública deja
de ser una estructura opaca o caja negra donde
nadie sabe qué pasa por dentro, quién
decide qué, cómo lo hacen y para
beneficio de quién.
Esas razones justifican nuestros esfuerzos en
la Contraloría para proponer principios
y prácticas de mejoramiento incesante.
Por tanto, hemos tenido que desarrollar nuevos
pensamientos para nuevas soluciones.
4. Nuevo enfoque en la Contraloría:
subir la vara preventiva
Para enfrentar los problemas actuales, tenemos
que hacerlo con modelos adecuados a resolver
esos problemas. Parafraseando a un famoso científico,
no podemos resolver los problemas de hoy con
las soluciones del pasado. Esta época
tiene nuevas reglas de juego. Las soluciones
a los problemas del pasado ya quedaron atrás,
en el pasado. Los desafíos del presente
y del futuro previsible exigen nuevas maneras
de pensar y de actuar.
En 1997 nos enfrentamos a ese reto. Establecimos
una filosofía de trabajo donde los objetivos
secundarios de las auditorias pasaron a un plano
primario, ocupando una posición complementaria
a los objetivos primarios de la auditoria. En
otras palabras: fiscalización y prevención –dos
caras de la misma moneda- ahora interactúan
con mayor fuerza e intencionalidad.
Situar el objetivo secundario de la auditoría –prevención-
en simetría con el objetivo primario –fiscalización-
implicó subir la vara de la efectividad
operacional. Al hacerlo hemos levantado todo
el andamiaje de las estrategias institucionales
a un nivel superior donde alcanzan más
impacto y mayor cobertura para cumplir la misión
constitucional de la Contraloría. La prevención
siempre ha estado en el mandato constitucional
de la Contraloría, como institución
pública que audita al Estado.
5. Los 10 Principios de una Administración
Pública de Excelencia.
El nuevo enfoque preventivo nos llevó a
formular 10 Principios que debe tener una Administración
Pública de Excelencia.
Éstos son:
1. Adoptar normas y procedimientos escritos
que contengan controles internos de administración
y de contabilidad eficaces, y observar que
se cumplan los mismos.
2. Mantener una oficina de auditoria interna
competente.
3. Cumplir los requisitos impuestos por agencias
reguladoras.
4. Adoptar un plan estratégico para
las operaciones.
5. Mantener el control presupuestario.
6. Mantenerse al día con los avances
tecnológicos.
7. Mantener sistemas adecuados de archivo y
control de documentos.
8. Cumplir con el Plan de Acción Correctiva
de la Oficina del Contralor y atender las
recomendaciones de los auditores externos.
9. Mantener un sistema adecuado de administración
de personal que incluya la evaluación
del desempeño, y un programa de educación
continua para todo el personal.
10. Cumplir con la Ley de Ética Gubernamental,
lo cual incluye divulgar sus disposiciones
a todo el personal.
Insistimos en la implantación de estos
principios porque de su validación en
la práctica depende que el Estado tenga
los tipos de legitimación que necesita:
1. Legitimación institucional, que
proviene exclusivamente de la observancia y
cumplimiento
del marco legal.
2. Legitimación por rendimiento, entendida
como la valoración positiva de los gobiernos
a partir de los beneficios tangibles que ofrecen
a sus ciudadanos.
Para ilustrar los principios y las estrategias
de prevención/fiscalización que
estamos fomentando, veamos los ejemplos de la
administración municipal y las Recomendaciones
para Combatir la Corrupción, que establecimos
en 1999, como dijimos anteriormente.
6. La Administración Municipal y las
Recomendaciones para Combatir la Corrupción
En 1997, cuando llegamos a la Contraloría,
nos percatamos que solamente un municipio de
setenta y ocho estaba al día con sus estados
financieros. Los restantes setenta y siete municipios
no contaban con los estados financieros auditados,
y llevaban años así. Esa situación
era increíble, insólita, imposible
de tolerar por más tiempo.
Hoy el 100% de los municipios cuentan con sus
estados financieros auditados al día.
En términos de auditoría significa
que hay un hallazgo principal menos en los informes
del Contralor. Es un logro extraordinario. Muchos
pensaban que era imposible hacerlo. ¿Cómo
lo hicimos?
Pues visitamos a los setenta y ocho gobiernos
y sus legislaturas municipales para analizar
las situaciones de cada cual a la luz de hallazgos,
necesidades y parámetros a lograr. ¿Qué hicimos?
Simplemente subimos el objetivo secundario de
la prevención a un primer lugar.
Aplicamos la nueva estrategia institucional:
situar la vara preventiva a niveles más
altos de ejecución, porque sabemos que,
a más exigencia, mayores son los esfuerzos
y mejores serán los logros.
Ese enfoque también se está usando
en las mejores escuelas del mundo con estándares
de excelencia académica. La fórmula
es simple y sumamente eficaz: eleve las
exigencias, clarifique los estándares, ofrezca las
condiciones de realización, disponga de
instrumentos de ejecución, provea incentivos… y
el resto a confiar y supervisar para que se logren
resultados.
Los 10 Principios de Excelencia Administrativa,
el enfoque preventivo, más un nuevo conjunto
de criterios evaluativos, todo eso dotó a
la administración municipal de instrumentos
para obtener dos logros: uno, cumplir las disposiciones
de la Ley Federal "Single Audit Act",
y dos, mejorar la administración pública.
Anualmente evaluamos a los municipios a base
de cómo cumplen con unos criterios establecidos
por la Contraloría para que mejoren continuamente
sus operaciones. El sistema está funcionando,
los municipios responden y el pueblo se beneficia.
Desde luego, hay márgenes de error y de
fallas que todavía se deben corregir,
por ello seguimos fiscalizando y llevando a cabo
actividades dirigidas a la prevención.
En cuanto al problema de la corrupción,
estamos convencidos que nuestras recomendaciones
formuladas en 1999, que vamos refinando y aumentando,
logran dos propósitos:
Primero, combaten la corrupción desde
la raíz y las causas, no los efectos ni
los síntomas. Hablar o escribir sobre
corrupción lo hace cualquiera, porque
es fácil criticar a los demás y
quejarse. Lo que hace la diferencia es atacar
las causas y condiciones que generan el problema.
Segundo, una vez atacadas las causas y condiciones
de la corrupción, es necesario instaurar
prácticas de buena administración
pública y principios éticos para
la vida política. De poco vale aplicar
medicamentos para curar la enfermedad, si la
persona no atiende su organismo haciendo lo que
tiene que hacer para cuidarse y mejorar.
Termino con una reflexión que fundamenta
nuestros planteamientos.
7. Una visión esperanzadora del
ser humano
Dijimos al principio que excelencia es subir
la vara de la realización humana, esforzarnos
por alcanzarla, llegar a ella y continuar incesantemente
por ese sendero de perfección. Es un proceso
personal, institucional y social.
Aspirar a la excelencia es confiar en la capacidad
del ser humano a mejorar su mundo, mejorándose
a sí mismo. Si la persona tiene los conocimientos,
las oportunidades y los incentivos para hacer
el bien, entonces confiemos que se oriente por
ese camino.
A fin de cuentas, como una observación
personal, creo que el bien es una fuerza que
viene de Dios, y por eso, en Él somos
co-creadores para mejorar el mundo. El camino
hacia la excelencia está pavimentado de
la esperanza en la bondad del ser humano.
Muchas gracias.
Manuel Díaz Saldaña
Contralor de Puerto Rico
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