Estado Libre
Asociado de Puerto Rico
OFICINA DEL
CONTRALOR
INDICE
- Introducción
- Filosofía
de trabajo
- Mensaje
principal
- Corrupción
como factor controlable
- Factores
condicionantes de la
corrupción
- Promoción
de coaliciones educativas
y sociales
- Proyecto
visita de los 78 Municipios
- Pobreza
y necesidades del pueblo
- Criterios
de evaluación de los
Municipios
- Reconocimiento
de los Municipios
- Recomendaciones
del Fondo Monetario
Internacional
- Rol
de los partidos políticos
- Práctica
de las virtudes
- Voluntad
política de Cero Tolerancia
a la Corrupción
- Llamado
del Contralor
- Ecuación
de las cuatro E
- Cierre
del mensaje
|
Estado Libre Asociado de Puerto
Rico
OFICINA DEL CONTRALOR
Conferencia
Magistral
CPA Manuel Díaz Saldaña,
Escuela Graduada de Administración Pública
Universidad de Puerto Rico
15 de febrero de 2000
Muy buenos días a todos.
Agradezco a la comunidad universitaria
de la Escuela de Administración Pública su
gentileza al invitarme en este día. Regreso
a mi Alma Mater con mucho gusto, especialmente
ante un grupo como ustedes, con quienes tengo
mucha afinidad en vocación e ideales.
Yo sé que la Conferencia Magistral
a nombre de Don Roberto Sánchez Vilella es
una ocasión importante para esta comunidad
universitaria. Es un gran honor que el Dr.
Mario Negrón Portillo y la Dra. Palmira N.
Ríos González hayan pensado en nosotros para
dirigirles hoy unas palabras. Usaré en lo posible
el pronombre plural "nosotros" porque
yo no vengo en calidad individual, sino como
parte de un equipo de trabajo que se siente
muy unido en el esfuerzo por combatir la corrupción
y fortalecer una ética de gobierno que nos
haga sentir más orgullosos de las instituciones
de gobierno que sostienen nuestra democracia.
Así que a nombre de mis compañeros y compañeras
de la Contraloría, les extiendo a todos ustedes
nuestra gratitud y solidaridad en este día.
Creo que el ser humano se
realiza, se perfecciona y se santifica por
medio de su profesión, oficio o trabajo. Por
eso debemos poner el máximo de esfuerzo en
lo que hacemos de manera que podamos ofrecerlo,
continuamente a Dios.
En Puerto Rico nos hace bien
una filosofía del trabajo que fomente la honestidad
y la responsabilidad. Eso lo saben ustedes
que estudian Administración Pública. Nos conviene
una filosofía social que ennoblezca al ser
humano en su conciencia de servir al prójimo.
La solidaridad con el prójimo y el compromiso
con el bien común son valores supremos en el
servidor público.
El trabajo, y el estudio,
que también es trabajo, expresa lo que se es,
lo que se quiere y lo que se desea. Es una
dimensión esencial de la naturaleza humana.
Trabajar es ser co-creadores con Dios en la
vida económica, social y espiritual de la humanidad.
El trabajo tiene un alto contenido ético. Y
por eso, la humanidad tiene que erradicar todo
trabajo que sea instrumento de explotación,
enajenación y deshumanización. Cuando la corrupción
permea un trabajo el ser humano se denigra.
En sentido profundo, la corrupción es una perversión
de la dignidad humana. Nosotros definimos la
corrupción como Abuso del puesto para beneficio
personal.
La Conferencia Magistral bajo
el legado de Don Roberto Sánchez Vilella, nos
obliga a continuar su esfuerzo de avanzar la
Administración Pública por cauces de responsabilidad
social, de eficiencia institucional, de excelencia
profesional y de ética pública.
Nuestro mensaje es el siguiente:
"La corrupción
es controlable, el gobierno es manejable
y la ética es aplicable".
Etica pública y buen gobierno
es el binomio indispensable para Puerto Rico.
Es el antídoto contra la corrupción. Si aplicamos
principios éticos y buenas prácticas de administración
pública, no hay razón alguna para que nuestros
gobiernos no demuestren la eficiencia y la
responsabilidad que todos esperamos y exigimos.
Los puertorriqueños hemos
alcanzado un nivel sofisticado en conocimientos
de gerencia, de administración, de auditoría
financiera, y contamos con la tecnología de
información, para hacer buen gobierno.
Diferimos radicalmente de
quienes piensan que la corrupción es imparable,
que los gobiernos son ingobernables y que en
política pública la ética no tiene cabida.
Estamos en desacuerdo. Esa línea de pensamiento
conduce a cuestionar la propia racionalidad
de querer vivir en una sociedad libre, de derecho
y de justicia. Nuestra experiencia me da la
convicción de que no solamente es posible,
sino enteramente necesario, hacer buenos gobiernos,
tener buenas administraciones públicas y disponer
de una ética pública.
No vemos ninguna dificultad
en proclamar que Puerto Rico reclama servidores
públicos que trabajen con integridad profesional.
Que respeten la constitución y las leyes que
nos rigen. Que todas las agencias e instituciones
públicas deben fortalecer su ética de trabajo,
su eficiencia operacional y su efectividad
al servicio del bien común.
En la Contraloría tenemos
una batalla incisiva, permanente y sistemática
para combatir la corrupción, venga de donde
venga, sea de quien sea, la fomente quien la
fomente, se beneficie quien se beneficie. No
damos ni pedimos tregua a nadie.
Tenemos que decirlo y reiterarlo
una y otra vez: la corrupción es injusta, es
inmoral y es intolerable. Sus consecuencias
para un país son devastadoras. Mina el buen
gobierno y lo torna inefectivo. Fomenta la
secretividad y ocultamiento de información
que debe ser conocida. Distorsiona las bondades
de la política pública. Vulnera la calidad
de vida social. Hace que el sector privado
se torne insensible a su responsabilidad social.
Crea desconfianza en las instituciones democráticas.
Conduce a una falsa inversión de los recursos
del pueblo. Y sobre todo, afecta a los hermanos
pobres y más desfavorecidos de nuestra sociedad.
Si esos no son motivos suficientes de indignación
y de voluntad para cambio, pues no sé qué más
pensar.
La corrupción trasciende fronteras
geográficas e ideológicas. Es una mafia, como
los carteles de drogas, cuya única lealtad
es servirse a sí misma y beneficiar a unos
pocos individuos. No distingue partidos políticos,
ni personas, ni clases sociales, ni niveles
educativos, ni profesiones, ni sectores demográficos.
Por esa razón las estrategias para combatir
la corrupción deben ser abarcadoras e incluir
los sistemas jurídicos, los mecanismos penales,
las organizaciones educativas, la sociedad
civil, las agrupaciones profesionales y las
empresas privadas.
La corrupción penetra en los
sistemas de gobierno y la empresa privada de
diversas maneras. Nosotros publicamos un Manual
titulado "Servidor Público: conducta,
efectos y consecuencias" que define
y describe las conductas que constituyen delito.
Ese Manual está disponible para que lo consulten.
Subyacente a los modos de
corrupción podemos encontrar cuatro factores
generales. Quiero explicarlos brevemente, para
ampliarlos luego con sus preguntas y comentarios.
Podemos entender la corrupción como una relación
entre oportunidad, necesidad, riesgo e inclinación.
Esos son los factores que yo llamo condicionantes:
primero, cuando existen bienes o riquezas públicas
que están disponibles para el beneficio de
intereses privados; segundo, cuando hay individuos
o grupos con necesidad económica, de gratificación
o de control, que tienen acceso a esos bienes
públicos y además tienen el poder de negociar
y sobornar; tercero, cuando los riesgos de
detección y penalidad son mínimos; y cuarto,
cuando la conciencia no tiene la formación
moral correcta o la voluntad es débil y propensa
a ceder a la tentación de corrupción.
Vamos a decirlo de forma más
abreviada. Piensen en la corrupción como una
combinación de oportunidad e inclinación ante
una transacción con el gobierno. Puede iniciarse
por cualquiera de los dos lados de la transacción:
un soborno se le ofrece al político o funcionario;
o el político o funcionario requiere y demanda
un pago ilícito por hacerles favores que benefician
a ese proveedor. Se llama extorsión. Cuando
proviene del contratista privado que negocia
con el gobierno, estos sobornos se ofrecen
porque esa parte quiere algo que no debe tener,
y soborna al funcionario o político para que
viole las normas o la ley, o porque piensa
que se le hace más fácil obtener mayores beneficios
del erario (es decir, robar más cantidad de
dinero) mediante el soborno al funcionario
o político en cuestión.
Por esta razón, las estrategias
para controlar la corrupción deben dirigirse
a los dos polos de la transacción. Por un lado,
las oportunidades deben minimizarse
a través de reformas sistemáticas, a veces
radicales -como algunas que proponemos- en
la legislación, las normas de las agencias,
los procedimientos operacionales, los modos
de contratación, etc.; y por otro lado, las inclinaciones deben
reducirse mediante una alteración del escenario
inicial, que es de high profit, low risk es
decir, "vas a obtener grandes beneficios
con riesgos muy bajos", a otro escenario
más favorable al interés público, que es de low
profit, high risk, es decir, "no te
arriesgues que los beneficios son muy bajos
y las oportunidades de detección y penalización
son muy altas".
Por consiguiente, logramos
ese propósito de disminuir oportunidades y reducir
inclinaciones con programas de reforma
gubernamental en las tres ramas del gobierno - ejecutiva,
legislativa y judicial - que cumplan estos
requisitos:
-
eficientes en las formas
de prevención
-
eficaces al fiscalizar el cumplimiento
de la ley
-
y efectivos al penalizar el incumplimiento.
En la Contraloría de Puerto
Rico tenemos tres enfoques para combatir la
corrupción:
-
el enfoque preventivo
-
el enfoque fiscalizador
-
el enfoque ético
La prevención busca las condiciones
para que no ocurran acciones de corrupción.
La fiscalización provee mecanismos efectivos
para detectar problemas a tiempo, ponerles
remedios y facilitar una buena administración
de los bienes públicos. Y la ética nos hace
más sensibles para trabajar en el servicio
público con integridad, responsabilidad y excelencia
profesional.
Hemos implantado numerosas
estrategias de acción, desde octubre de 1997
en que iniciamos la gestión en la Oficina del
Contralor.
Lo primero que entendimos
fue la necesidad de consenso con todo el pueblo
de Puerto Rico. Aquí no hay cabida para héroes
aislados ni llaneros solitarios en la lucha
contra la corrupción. Es un problema que concierne
a toda la sociedad. La forma de controlar la
corrupción en un Estado democrático y de derecho
es mediante la colaboración de un amplio espectro
de individuos, grupos e instituciones sociales.
De manera muy especial, identificamos
algunos sectores que tienen un alto grado de
poder o influencia en la sociedad. Nos referimos
concretamente a los partidos políticos, a los
servidores públicos de carrera, a todas las
agencias y ramas del gobierno, al sector empresarial
privado, a los medios de comunicación social,
a las instituciones educativas, a las organizaciones
profesionales (por ejemplo, el Colegio de Abogados
y mis colegas los Contadores Públicos), las
uniones y sindicatos obreros, los grupos religiosos
e iglesias, y en general, a toda la sociedad
civil.
Cada sector, directa o indirectamente,
incide en la ética pública y el buen gobierno.
Todos tienen mucho que decir y mucho que hacer
para prevenir y controlar la corrupción. Todos
tienen una responsabilidad ética compartida
con el bienestar de Puerto Rico. Y nosotros,
en la Contraloría, hemos tocado la puerta de
casi todos, para dar a conocer nuestro trabajo,
unir propósitos y emprender acciones comunes.
En la Contraloría nos interesa
promover el mayor número de coaliciones educativas
y sociales que se movilicen no sólo para control
y prevención de la corrupción, sino más aún:
para fomentar buenas prácticas de gobierno.
Por ejemplo, nos sentimos muy unidos a esta
Escuela Graduada, a sus profesores y sus trabajos
académicos; algunos de ustedes son asesores
de nuestra Oficina y yo les consulto frecuentemente
para recibir sus consejos y orientaciones.
Asimismo, en 1998 convocamos a los presidentes
de universidades en Puerto Rico para iniciar
un proyecto común de enseñar ética pública
a través de sus programas académicos.
Al principio de nuestra gestión,
en octubre de 1997, tuve una experiencia muy
interesante que me gustaría contárselas ahora.
Un buen día de ese octubre, le comuniqué a
mi equipo de trabajo el deseo de visitar los
Municipios. ¿Por qué los Municipios? Porque
sabemos que son lugares importantes donde los
funcionarios, políticos y contratistas privados
manejan muchos bienes, fondos y recursos que
pertenecen al pueblo puertorriqueño. Y sabemos,
además, que esos recursos se pueden administrar
con mucha amplitud discrecional (y
tengo bien subrayada esa frase de "mucha
amplitud discrecional). Porque en buen castellano
significa que por esos "loopholes" de
mucha amplitud discrecional se pueden drenar
y derrochar los recursos que son necesarios
o que se han definido para cumplir las promesas
de política pública a las que se obligan las
instituciones políticas y sus representantes,
con el pueblo de Puerto Rico.
Cuando dije que iba a visitar
los Municipios, mis compañeros pensaron que
me refería a una muestra bien selecta de Municipios.
Tal vez ocho o diez.
- "Bueno, Sr. Contralor, ¿a
cuáles quiere ir?" -
Yo respondí -"Quiero
ir a todos". -
Hubo silencio y sonrisas disimuladas.
Hasta que alguien escépticamente preguntó:
-"¿Usted dice a todos?
Mire que son 78". -
-"Sí, a los 78, a cada
uno"- me reafirmé sin titubeo.
Entonces, alguno se puso compasivo
y me dijo:
-"Pues tiene diez años
para hacerlo, si no se muere antes".
A lo que respondí enseguida:
- "Bueno, por si acaso
me muero rápido, vamos a ir a los 78 Municipios
en los próximos seis meses"-.
Ustedes se imaginarán las
caras de incredulidad y asombro que pusieron
en esa reunión. Algunos me aconsejaron que
no lo hiciera, que eso era físicamente imposible,
por el tiempo disponible, el desgaste a la
salud y a los nervios.
Lo bueno de tomarse el trabajo
en serio es que nos hace apasionados y un poco
tercos en algunas convicciones básicas. Allá los
que crean en cosas imposibles. De mi parte,
yo creo que siempre podemos hacer más y
mejor cuando tenemos pasión y perseverancia
en nuestros proyectos de vida.
Pues les contaré que fuimos
a los Municipios. A todos. Visitamos las 78
alcaldías, todas las asambleas municipales,
los alcaldes, el personal clave de cada municipio.
Fuimos, hablamos, expusimos, discutimos y aclaramos.
Lo hicimos en 6 meses. Nos preparamos con un
plan de visitas, un itinerario de reuniones
y una agenda de discusión. Quiero que sepan
que las visitas tenían que ser nocturnas y
los sábados, porque las asambleas municipales
se reúnen fuera de horas laborales. Cumplimos
al pie de la letra nuestro programa de itinerario.
No fallamos. Yo creo mucho en la buena planificación.
Y creo todavía más en la buena implantación.
Y creo todavía más en el buen seguimiento y
evaluación de lo que se planifica y se implanta.
¿Qué dijimos a los Municipios?
Que no hay nada misterioso en administrar bien
su municipio. Que la administración pública
responsable y eficiente está a la mano de cualquiera
que se tome un poquito de tiempo para leer
las normas, los reglamentos, los procedimientos,
los deberes y funciones de su cargo.
Le dijimos a los alcaldes,
a su personal clave y a las asambleas municipales
que el municipio es un bien del pueblo y no
una finca privada de nadie. No importa lo mucho
que uno quiera a su municipio, o lo muy apegado
que esté, o los muchos años que lleva trabajando,
ese municipio NO ES PROPIEDAD PRIVADA de ninguna
persona, de ningún partido político, de ninguna
empresa particular, ni de ningún interés especial
que no sea el bien común de las personas que
residen en esta zona geopolítica, social, económica
y cultural del país. Punto. Eso es muy fácil
de entender.
Dijimos que los bienes y propiedades
no son para ser manejados al antojo de nadie.
Aquí hay dinero (a veces mucho dinero, estatal
y federal), hay recursos materiales, equipos,
infraestructuras y recursos humanos, y todo
eso es para darle servicios al pueblo. Esto
es patrimonio puertorriqueño. No es predio
privado de las familias, amigos, compadres
de los políticos o funcionarios. No se puede
administrar con arbitrariedad, injusticia o
inmoralidad.
Hablamos de algo que para
nosotros tiene una gran importancia, y eso
sí que nos indigna moralmente. En Puerto Rico
todavía mucha gente vive en condiciones de
pobreza, en condiciones marginadas, con necesidades
básicas de salud, de vivienda, de empleo, de
educación, de agua y de luz, de transporte,
de eso que es necesario para subsistir, y que
increíblemente en el siglo 21, todavía tenemos
familias enteras que no tienen los recursos
ni las condiciones para satisfacer esas necesidades.
Si los Municipios no lo proveen, por ineficiencia,
irresponsabilidad o corrupción, nos encontramos
en un grave problema social, económico y moral
de injusticia y desigualdad humana. Es una
cuestión muy seria, muy grave, que no podemos
ignorar ni tolerar.
Los Municipios asumen una
responsabilidad con sus ciudadanos al prometer
un programa de política pública que han de
cumplir en plazos determinados. Esa responsabilidad
tiene cuatro componentes: es legal, porque
hay normas a cumplir; es ética, porque hay
códigos de conducta en el gobierno; es económica,
porque hay una relación de necesidades, bienes
y transacciones; y es política, porque las
reglas del juego democrático obligan a rendir
cuentas al pueblo. En la implantación de la
política pública, los gobiernos municipales
y estatales asumen esas cuatro vertientes de
responsabilidad con todas las implicaciones éticas,
jurídicas, económicas y políticas que se pueden
considerar.
En nuestras estrategias hacia
los municipios, dimos a conocer unos criterios
para evaluar los informes y otros asuntos financieros
que regularmente deben producir así como otros
asuntos relacionados a la gerencia.
Además hemos desarrollado
los 10 principios para lograr una administración
pública de excelencia. Si esos principios gerenciales
se aplican de manera consistente y sistemática,
yo les aseguro que vamos a tener unos niveles
muy altos de eficiencia, efectividad, responsabilidad
y honradez en los gobiernos municipales y en
todas las agencias públicas. Desde fines de
1997 no cesamos de promover esa información
donde quiera que vamos.
Volviendo a los 78 municipios,
sepan que nosotros le dedicamos todo el tiempo
necesario para contestar sus preguntas y dudas.
Explicamos en detalle cómo administrar los
fondos y propiedad públicos. Aclaramos lo que
NO se debe hacer. Subrayamos que NO íbamos
a tolerar corrupción de nadie. Insistimos en
revisar las prácticas inadecuadas de:
-
en contratos mal hechos
-
en subastas mal decididas
-
en obras que no se cumplen
-
en la falta de controles de calidad
-
en los informes financieros
demorados, inconsistentes o con falsa información.
Discutimos cada uno de los
diez criterios de evaluación: estados financieros,
sistemas de contabilidad, conciliaciones bancarias,
déficits presupuestarios, planes de inversiones,
todo eso, que ustedes pueden consultar luego.
Todo fue aclarado en nuestras visitas. No hay
excusas por ignorancia ni por falta de información.
Tenemos evidencia de que esa
gestión ha sido exitosa y que continua siéndolo.
Para la evaluación del año pasado 51 municipios
demostraron una mejoría sustancial en sus operaciones.
De hecho, el 4 de junio de 1999 hicimos por
primera vez, un acto especial para darles reconocimiento
público. Nosotros creemos en reconocer cuando
los funcionarios y servidores públicos ponen
empeño y dedicación en su responsabilidad pública.
Los restantes 27 municipios ya saben lo que
deben hacer, y me parece que están encaminados
en una dirección que esperamos sea satisfactoria
a corto plazo. Anticipamos que este año sólo
10 municipios no reciban el reconocimiento.
También estamos promoviendo
de manera muy insistente las cuatro recomendaciones
del FMI (Fondo Monetario Internacional). La Primera,
que se demuestre la voluntad política de Cero
Tolerancia a toda actividad que genere corrupción
en el gobierno. Segunda, que se reduzcan
y se dé mayor transparencia a las facultades
discrecionales que favorecen la corrupción. Tercera,
que se aumenten los sueldos del sector público
y los incentivos para promover un comportamiento
honesto. Y cuarta, que se busque una
solución a la financiación de los partidos
políticos.
Estudiamos detenidamente esos
parámetros a fin de especificar las implicaciones
concretas para la política pública puertorriqueña.
El resultado fue que en diciembre de 1999 dimos
a conocer al país cerca de 50 Recomendaciones
para Combatir la Corrupción y Fomentar Buenas
Prácticas de Administración Pública. Hicimos
hincapié en el liderato de los partidos políticos.
Los partidos políticos desempeñan
un papel central en nuestro sistema de gobierno.
Somos una democracia indirecta en la que gobiernan,
deliberan y deciden los representantes electos
por el pueblo. Los partidos funcionan como
interlocutores de las expectativas de los ciudadanos
y deben traducir la voluntad del pueblo en
políticas públicas. Por lo mismo, la Contraloría
hizo un llamado abierto a los líderes de los
partidos para que sean estrictos en controlar
la corrupción, especialmente en años electorales.
La democracia puertorriqueña
no es solamente el derecho al voto para elegir
a los gobernantes cada cuatro años. Es mucho
más: es la obligación permanente y sistemática
de exigirles cuenta de sus intenciones y ejecutorias.
Hay que evitar que nuestra política se mercantilice
en la búsqueda de votos a toda costa. El pueblo
puertorriqueño no es un cliente al que se puede
manipular con propaganda más o menos engañosa
o demagógica. De ahí la necesidad de una sociedad
civil activa, bien informada y comprometida
para exigir a los gobiernos la responsabilidad
de sus actuaciones.
Desde la Contraloría hacemos
una convocatoria a todos los sectores sociales
para que se unan en promover la ética pública
en Puerto Rico y en controlar la corrupción.
Los valores éticos son como levadura en la
conciencia moral de los puertorriqueños.
Ahora bien... no somos tan
ingenuos como para suponer que la corrupción
y el mal gobierno se resuelven introduciendo
códigos de buena conducta. Para erradicar el
vicio de la corrupción no basta con rasgarse
las vestiduras, ni instituir leyes, ni aumentar
los aparatos judiciales o de seguridad del
Estado.
Hace falta algo más hondo
y más profundo. Se pide una auténtica transformación
en la conciencia individual. Debemos decirlo
aunque suene radical: los discursos de ética
pública no sirven para nada si no existe una
voluntad política de aplicarla cotidianamente.
Por el contrario, el propio discurso moral
puede en ocasiones servir como coartada para
ofrecer una falsa imagen de limpieza que oculta
la corrupción, ya sea por acción o permitida
por omisión. Cuando eso ocurre, el discurso
moral es falso, cínico e hipócrita.
Estamos convencidos de la
necesidad de una ética individual. Ciertamente
que en la Contraloría enfocamos nuestro trabajo
en controles externos: por ejemplo, las auditorías
son eso. Pero debe quedar claro que no todas
las conductas humanas y sus motivaciones son,
ni deben ser, regulables externamente. La práctica
de las virtudes es indispensable para la vida
pública. Eso significa que el funcionario,
servidor público y político, tiene que practicar
la templanza, la prudencia, la fortaleza, la
justicia, la honestidad. entre otras virtudes.
No puede haber verdadera reforma
en la administración pública y en el gobierno,
sin voluntad política. Voluntad política es
el factor crítico para combatir la corrupción.
Voluntad política es indispensable para impulsar
programas efectivos de prevención y control;
es indispensable para sostener y mantener esos
programas y medidas. Sin voluntad política
las estrategias propuestas se tornan ineficaces.
Para nosotros la voluntad política se define
de manera muy directa: es la intención creíble
y demostrable de los actores políticos para
combatir las causas, condiciones y efectos
de la corrupción. Hablamos de voluntad política
para referirnos a personas concretas, con nombres
y apellidos, que pretenden ser los protagonistas
públicos de Puerto Rico y piden la confianza
del pueblo con sus votos. Queremos ver de verdad
que estas personas hagan transparentes sus
intenciones, decisiones y actuaciones a favor
de una política de CERO TOLERANCIA A LA
CORRUPCION - C. T. C. Voluntad política
es donde convergen los discursos teóricos y
las conductas prácticas. Es donde los políticos
de verdad demuestran su valentía, su coraje,
su determinación, su integridad, para hacer
gobiernos honestos, responsables, y comprometidos
con el bienestar del pueblo.
Los períodos de transición
de gobierno y de procesos electorales son momentos
ideales para demostrar esa valentía y determinación.
Vamos a confiar en lo mejor. Ya entregamos
50 recomendaciones a los partidos políticos
y a sus candidatos a puestos electivos. Además,
se envió a todos los legisladores, jefes de
agencias y alcaldes en funciones. Ahora tienen
una magnífica oportunidad de demostrar su voluntad
política de Cero Tolerancia a la Corrupción.
El gobierno y la administración
pública tienen que demostrar su transparencia,
para que :
-
sus acciones sean visibles,
-
sus intenciones conocidas,
-
sus resultados evaluables,
-
sus procesos controlables,
-
sus informaciones publicables,
-
y en esa constante rendición
transparente de cuentas, sea el Pueblo
mismo quien quita
a los corruptos y elige a personas honestas
y competentes.
Existe la concepción filosófica
de que una sociedad de justicia, libertad y
democracia sólo puede mantenerse si genera
mecanismos para hacerla abierta y transparentemente
gobernada.
En esa sociedad merecemos
vivir y por ella vale la pena luchar. A esa
sociedad aspiramos los puertorriqueños. Todas
las agencias e instituciones públicas, sin
excepción, deben hacer explícita su filosofía
de trabajo. Que expresen sus valores y principios,
que implanten sus planes estratégicos, que
evalúen constantemente sus operaciones, que
demuestren sistemas administrativos eficientes.
En la Contraloría no hablamos por hablar. Nuestras
acciones son el testimonio. Tienen copias de
nuestra Misión, Visión y Valores. Creemos que
esas palabras son para ser cumplidas. En ello
nos jugamos la seriedad, la credibilidad y
el honor.
Es común hablar de las famosas Tres
E: Economía, Eficiencia
y Efectividad. Nadie las discute.
Pero hoy venimos a reconocer que la Escuela
Graduada de Administración Pública trabaja
para añadir la cuarta E que nos falta.
A la Economía, a la Eficiencia y a la Efectividad
se les ennoblece con la ETICA, la
cuarta E que completa la ecuación.
Hoy venimos a felicitar a
los estudiantes graduados de esta Escuela,
porque ustedes enriquecen a Puerto Rico con
una vida de trabajo responsable y honrado por
nuestro pueblo. Hoy queremos reconocer y felicitar
a esta Facultad de la Escuela de Administración
Pública por su tesón investigativo, por su
valentía intelectual, por el rigor de sus críticas
a favor de una sociedad y un buen gobierno.
Nuestro capital ético es el
tesoro de honradez y de integridad más preciado
que podemos ofrecer. Démoslo a Puerto Rico
con generosidad y buena voluntad.
Nuestro mensaje ha sido muy
sencillo. Creo y espero que nos unan los mismos
ideales: la corrupción es controlable, el
gobierno es manejable y la ética es aplicable.
Aplaudo y felicito a este
generoso público por su inquebrantable voluntad
de hacer un Puerto Rico digno de nosotros.
Agradecemos de todo corazón
su gentileza de invitarnos y su gran paciencia
de escucharnos.
Dios les bendiga a todos.
Muchas gracias.