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PONENCIA
INTEGRIDAD EMPRESARIAL
CONVENCIÓN
DE LA
CÁMARA DE COMERCIO DE PUERTO RICO
21 de junio de 2002
MANUEL
DÍAZ SALDAÑA
CONTRALOR DE PUERTO RICO
Muy
buenos días a todos. En nombre de los compañeros
de la Contraloría, les traigo un saludo en
esta importante Convención de la Cámara de
Comercio de Puerto Rico.
Nos
sentimos honrados de participar en un panel
que cuenta con personalidades tan distinguidas
como son los licenciados Rafael Alonso, Héctor
Reichard de Cardona y Antonio Sifre, quienes
prestigian a la profesión jurídica puertorriqueña.
A los compañeros panelistas, expresamos nuestro
sentimiento de unidad con los objetivos de
este Foro. Agradecemos al Dr. Joaquín Villamil,
Presidente de la Cámara de Comercio, su gentil
invitación a que participemos en esta mañana.
Nuestra
ponencia tiene cuatro temas interrelacionados.
Primero, nos referimos a la intención de la
Cámara de Comercio al convocar esta actividad;
segundo, hacemos unas observaciones sobre la
crisis del mundo actual, señalando algunas
consecuencias para el gobierno y la empresa;
tercero, proponemos que la empresa puede constituirse
como un modelo o paradigma de trabajo para
el cambio social; finalmente, hacemos algunos
planteamientos sobre la ética empresarial a
partir de una definición, unos problemas y
los valores que ella entraña.
Como
pueden imaginar, vamos a consumir las dos horas
y media que nos han asignado a nuestra presentación,
así que empecemos de inmediato.
1. ¿Qué propone la Cámara de Comercio?
El
tema de este Foro indica claramente la intención
de los organizadores de la Convención. El título
principal lee:
Integridad
Empresarial. Y si quedan dudas sobre qué se
persigue, el subtítulo completa todo el propósito:
Cómo Promover la Ética en la Empresa Privada.
Es
evidente que la Cámara de Comercio quiere desarrollar
una cultura empresarial centrada en valores
que trasciendan los intereses monetarios. Lógicamente,
hablar de integridad y de ética supone una
cultura empresarial que asuma otras responsabilidades,
además del beneficio económico. Esas responsabilidades
están relacionadas con el bienestar de una
sociedad, pero un bienestar que se mide por
baremos distintos al estrictamente monetario.
Ese
es un reto formidable que nos hace la Cámara
de Comercio: ¿cómo vamos a fomentar una cultura
empresarial con unos objetivos que trasciendan,
e incluyan, la utilidad económica? ¿Puede la
empresa asumir responsabilidades sociales,
culturales y espirituales, además de hacer
dinero?
La
razón de promover integridad empresarial en
esta Convención es porque escasea, no porque
abunda. Y escasea debido a una situación de
crisis que atraviesa nuestra sociedad. Es una
crisis en nuestra escala de valores. Es una
confusión en nuestras prioridades y fines como
sociedad. Y tiene unas consecuencias peligrosas
para las instituciones sociales y los líderes
que las dirigen.
2. Crisis
del mundo y de Puerto Rico
La
crisis que vivimos en Puerto Rico es parte
de un malestar en la civilización humana, que
afecta la mayoría de los pueblos de la Tierra.
A nuestro entender, ese malestar proviene de
cuatro factores principales: el individualismo,
el materialismo, el egocentrismo y la mediocridad.
En
efecto: si anteponemos el deseo individual
por encima del bienestar comunitario; si concentramos
nuestros intereses y afanes en la adquisición,
acumulación y apego de cosas materiales con
olvido de la dimensión espiritual; si vivimos
centrados en el egoísmo, la vanidad, la soberbia
y la prepotencia, de espaldas al prójimo; y
si nos complacemos con la mediocridad intelectual,
profesional y de trabajo que circunda por doquier. entonces,
no deben sorprendernos los efectos de todo
ello en la humanidad: esos efectos se padecen
a diario en la forma de injusticia, oprobios,
explotación, violencia, el mal gusto chabacano
y vulgar, y todo tipo de actitudes malévolas.
Una
consecuencia de esta crisis es el deterioro
de la confianza en las instituciones sociales,
particularmente en aquellas cuya finalidad
debería ser proteger y promover el bienestar
cultural y espiritual de las personas. Para
nuestros propósitos de hoy, vamos a ver dos
focos de esta desconfianza: el gobierno y las
empresas.
En
Puerto Rico tenemos por delante una gran tarea
histórica. Tenemos que actuar con mucha inteligencia
y perseverancia para devolver la credibilidad
en las instituciones del gobierno, y reestablecer
la confianza en nuestras empresas privadas.
Veamos someramente ambos asuntos.
La
falta de credibilidad en las instituciones
públicas obedece a cinco razones principales:
poca voluntad política para enfrentar y resolver
las causas de la corrupción; no implantar de
manera constante y efectiva unos sistemas de
trabajo que resulten en un desempeño de excelencia
en todas las agencias gubernamentales; porque
la actividad política y del servicio público
no parecen atraer a personas con la competencia
y la integridad que requieren estos tiempos;
por la debilidad e inconsistencia en los mecanismos
para rendir cuentas al pueblo; y por no educarnos
lo suficiente en una ética civil y pública
que nos haga comprender la función del Estado
en una democracia, y el papel importante de
la sociedad civil. Podría haber más razones,
pero estas cinco nos parecen las principales.
Esa
es una agenda que nosotros en la Contraloría
estamos promoviendo de manera activa y constante,
en los renglones que nos compete, es decir:
fiscalizando el buen uso de fondos públicos;
previniendo con educación, información y ayuda
técnica; no cediendo un milímetro en nuestra
campaña de Cero Tolerancia a la Corrupción;
y promoviendo la Excelencia en todas las funciones
administrativas, gerenciales y fiscales del
Gobierno. De ahí que este año en que celebramos
nuestro Cincuentenario estamos enfatizando
el tema de la Excelencia. Tuvimos el 6 de febrero
nuestra Primera Conferencia sobre Excelencia
Administrativa con la participación de la Gobernadora
de Puerto Rico, Hon. Sila M. Calderón, los
Presidentes de Ambos Cuerpos Legislativos y
representantes de la Rama Judicial. También
tuvimos dos paneles donde participaron representantes
de las universidades y de la empresa privada.
Nuestro
empeño, igual que la Cámara de Comercio, es
emprender una educación vigorosa y amplia a
toda la ciudadanía y las organizaciones sociales,
sobre cómo debemos administrar honrada y eficazmente
los bienes y servicios que cada cual maneja.
Esa
pérdida de credibilidad no es exclusiva de
las instituciones públicas, porque también
es un problema que existe en el sector privado,
como veremos enseguida.
El
mundo de las empresas y los negocios también
sufren la desconfianza de esta crisis mundial.
Pero no me refiero a problemas que son muy
conocidos entre este público, como por ejemplo,
en los movimientos financieros globales, o
dificultades del mercado, o escándalos en empresas
como Enron y Andersen, o en el caso de Puerto
Rico, tampoco estamos hablando de los problemas
derivados de un modelo económico deficiente
y atrasado. Ese tipo de problemas no es lo
que nos interesa enfocar ahora.
Creo
que existe otra cuestión de fondo en la empresa
privada, que es un problema más profundo, y
nace de una interpretación del trabajo y la
economía. Me refiero a concebir el mundo de
los negocios como una actividad depredadora
y competitiva, sin corazón y sin alma, cuyo único
móvil es el incremento de dinero y la utilidad
a corto plazo, que puede justificar cualquier
medio con tal de lograr los fines de esa utilidad.
En
términos generales, me parece que nuestra sociedad
está regida por una concepción materialista
de la vida y del trabajo humano. Es una concepción
limitada y limitante, que concibe la economía
bajo la óptica exclusiva de las ganancias en
dinero, excluyendo otras consideraciones humanas
que sean intangibles, de naturaleza cultural
y espiritual.
Tenemos
que superar esa visión estrecha y limitada,
que tanto perjudica a la humanidad. Curiosamente,
la propia etimología de la palabra "economía" ya
nos advierte de otro sentido más trascendente
y abarcador. Economía deriva del griego oikonomía que
significa "administración o dirección
de una casa", y se refiere a todas las
necesidades humanas, sean materiales, culturales
o espirituales.
Nuestra "casa
humana" tiene muchas necesidades, que
no solamente se miden por la cantidad de cosas
que se poseen ni por las cuentas bancarias
que se acumulan, a cualquier precio, incluyendo
la honradez y el prestigio. También nuestra
casa humana, de donde deriva la economía, es
un templo viviente del Espíritu. De ahí que
poner el afán de riqueza como un absoluto de
la economía, y no como un medio para satisfacer
otras necesidades, es invertir el correcto
orden de valores.
Los
puertorriqueños tenemos por delante una agenda
importante, que es recuperar la credibilidad
y la confianza en nuestras instituciones públicas
y en la empresa privada. Para reestablecer
esa confianza, y aunque parezca de momento
paradójico, la solución es fortalecer a la
propia empresa privada.
Esa
fortaleza proviene, precisamente, del objetivo
que propone esta Convención de la Cámara de
Comercio: hay que ser más firmes y más consistentes
en poner esfuerzos para desarrollar una cultura
empresarial basada en la integridad y los valores éticos.
Creemos que los empresarios puertorriqueños
pueden ser una fuerza muy positiva de transformación
en nuestra sociedad, con la condición de que
cultivemos esa cultura de trabajo empresarial.
3. La empresa como fuerza para
transformar la sociedad
Vamos
ahora a considerar, brevemente, este fenómeno
histórico de gran significado, que apoya nuestra
argumentación. Me refiero a la importancia
de las organizaciones para efectuar cambios
sociales. En efecto, desde finales del siglo
18, la mayoría de los pueblos del mundo se
caracterizan por ser sociedades de organizaciones.
Eso significa que las experiencias cotidianas
de los seres humanos acontecen dentro de las
organizaciones, sean las que sean. Tomen por
ejemplo nuestras experiencias en los escenarios
de trabajo, diversión, la familia, el culto
religioso, la política, la educación, esas
vivencias cotidianas, entre muchas, ocurren
a través de organizaciones.
Nuestro
planteamiento es sumamente importante, porque
de todas las organizaciones en la sociedad,
parece ser que la empresa se está constituyendo
como un modelo efectivo para la transformación
social. Además de la empresa, también eventualmente
será la sociedad civil la que podría asumir
un papel de gran liderazgo, pero todavía es
débil e incipiente, al menos en Puerto Rico.
Debemos
cobrar conciencia de este fenómeno porque la
transformación de la humanidad para el bien
y la justicia sólo es posible mediante sistemas
organizados de personas. No creemos que el
mundo se pueda renovar siguiendo otras opciones
teóricas: ni por la sociedad civil en su estado
máximo, como quería el romanticismo de Rousseau,
ni por el Estado, como pretendía el comunismo
marxista; ni por el individuo como quisiera
el idealismo de la nueva era.
Desde
luego, eso no significa que las iniciativas
individuales y la autonomía personal no jueguen
un papel importante, pero de una u otra manera,
esas iniciativas se tienen que instrumentar
por medio de las organizaciones. Nuestra proposición
es que la empresa debería ser el modelo con
mayor potencialidad para beneficiar a la sociedad,
y ello por dos razones principales.
Primera,
porque la empresa tiene mayor capacidad de
generar bienes y servicios que satisfagan múltiples
necesidades, tiene la capacidad de generar
riqueza social, cultural y espiritual en los
pueblos, además de la productividad económica.
Y
la segunda razón es porque la empresa puede
eliminar las lacras organizacionales que tienen
otras instituciones. Hagamos una sencilla comparación.
Piensen en instituciones que no funcionan bien,
que sean improductivas e ineficaces en su estructura
y operación. Muchas organizaciones están plagadas
de ineficiencia y de muy baja productividad
organizacional. Esas ineficiencias se deben
a que están anquilosadas en la burocracia;
que están asfixiadas por el imperio de los
mediocres; que son represoras de todo aquél
que quiere innovar y todo aquél que se destaca;
que están manejadas por caciques que se han
perpetuado en el poder, independientemente
de sus méritos, de su competencia o su integridad
moral; y que no sienten la obligación de someterse
a una autodisciplina de calidad y de parámetros
de eficacia, porque viven en el espejismo autocomplaciente.
En
comparación con las instituciones ineficaces
e improductivas, la empresa pudiera constituirse
en un motor para generar riqueza social y cultural,
precisamente.. gracias a que puede eliminar
más fácilmente esos defectos de las otras instituciones.
En
este Foro estamos abogando por una concepción
innovadora de la empresa puertorriqueña, éticamente
impecable, éticamente insobornable, que se
distinga por su agilidad e iniciativa, que
fomente la cooperación y no el conflicto, que
se mueva por el bien común y la solidaridad,
que sea socialmente responsable, ecológicamente
responsable, y se convierta en un modelo de
integridad para toda la sociedad puertorriqueña.
Y desde luego, que produzca beneficios económicos
a todos sus constituyentes: dueños, accionistas,
empleados, clientes y demás.
Eso
no es un sueño imposible. Para lograrlo, es
indispensable movernos en la dirección de la ética
empresarial, y a esa reflexión vamos ahora.
4. Importancia de la ética empresarial
En
las reflexiones que hemos hecho, quedan insinuadas
muchas ideas sobre cómo vemos la ética. Sin
embargo, ya tenemos que precisar una concepción
sobre la ética, para luego aplicar esa definición
al ámbito empresarial.
Entendemos
que la ética es un tipo de saber que pretende
orientar las acciones humanas en dos direcciones
complementarias: que las acciones tengan un
sentido racional y que sean buenas.
Ambas dimensiones son inseparables en la ética:
hay que obrar racionalmente y hay que obrar
bien. Obrar racionalmente significa
saber deliberar bien antes de tomar una decisión
con objeto de realizar la elección más adecuada
y actuar según lo que hayamos elegido.
Esta
es una definición que tiene consecuencias importantes
para cualquier profesional, empresario, político
o funcionario público.
Quien
no reflexiona antes de actuar... Quien no evalúa
los distintos cursos de acción y opciones...
Quien no pondera las consecuencias de sus elecciones...
Quien no calibra cuál de ellas es más correcta
y más justa... Y quién no actúa distinguiendo
el bien del mal... no es una persona que obra
de manera racional y buena.
Entonces,
aquí viene la ética, cuya tarea es mostrarnos
cómo deliberar para hacer buenas decisiones.
La ética es lo más positivo y enriquecedor
que tenemos los seres humanos. Por tanto, ya
es hora de dejar atrás esa concepción errónea
de la ética que la entiende como un conjunto
rígido de prohibiciones y de reglas llenas
de tecnicismo legal. Todavía muchos piensan
que la ética es una lista de "No hagas
esto, ni aquello, ni lo otro..."
Pues
no es así. La ética no es un discurso moralista
obsesionado con lo malo y lo negativo. No,
la ética no es eso, al menos, no en primera
instancia. La ética representa la fuerza expansiva
del ser humano hacia su plenitud, hacia su
realización, y para nosotros los cristianos,
hacia la santidad.
El
término "ética" originalmente significaba
carácter y modo de ser. Hemos de pensar la ética
como los modos de ser que nos hacen mejores
personas, y al ser mejores personas, nos facilita
mejorar las organizaciones en que trabajamos,
y en consecuencia, podemos hacer que la sociedad
prospere hacia el bien y la justicia.
La ética
forja el carácter humano. Nos ayuda a usar
nuestra libertad sabiamente. Nos hace responsables
de nuestra vida. Nos orienta para actuar con
prudencia y equilibrio. Nos hace conscientes
de nuestra dignidad humana, y del derecho que
tenemos de vivir con felicidad, en un mundo
de paz y de fraternidad, que incidentalmente,
son valores inscritos en algunas de las constituciones
más avanzadas de las democracias occidentales.
No
creo que exista mayor empeño para una persona,
ni mejor ideal para un pueblo, que no sea vivir
con ética y dignidad.
Pero
aquí nos enfrentamos a unas dificultades cuando
queremos aplicar la ética a la vida empresarial.
Vamos a preguntar: ¿pueden los empresarios
comportarse éticamente, y a la vez, ser empresarios
exitosos? Muchos lo niegan. Otros andan confundidos.
Algunos dicen que sí, pero no lo practican.
Y otros creemos que sí y lo ponemos en práctica.
La
dificultad de promover ética empresarial se
debe a tres factores:
-
primero,
pensar que la empresa y los negocios son amorales,
es decir, que son una zona neutra de valores éticos;
-
segundo,
pensar que los negocios son inmorales, es
decir, que no se puede triunfar sin hacer
algún tipo de trampa, de engaño, sin explotar
o derrotar a alguien;
-
y
tercero, que aplicar la ética a la empresa
es simplemente para cumplir con lo mínimo
requerido por ley, y nada más.
Verlo
así, es incorrecto y peligroso. Por eso, hay
que felicitar a la Cámara de Comercio, y reconocer
a los compañeros del panel, en este empeño
de promover otra concepción de la empresa puertorriqueña.
En Puerto Rico urge una empresa con tecnologías
modernas, con calidad en productos y servicios,
con honestidad en operaciones, eficaz en resultados,
y éticamente comprometida con los valores de
la dignidad y la solidaridad humana, tanto
para sus empleados como clientes y la sociedad
en general.
Negamos
enérgicamente que las empresas sean amorales,
o inmorales o que su cumplimiento con la ética
sea con el mínimo de tecnicismo legal. Lo negamos
enfáticamente, porque es una falsedad y una
hipocresía.
Primero:
no existe ninguna organización amoral, situada
más allá del bien y del mal. Toda organización
se encuentra necesariamente en algún nivel
de moralidad entre la desmoralización y la
plenitud moral.
Segundo:
no es verdad que el éxito en los negocios sea
resultado de trabajar con inmoralidad a base
de trampas, mentiras y engaños. Los escándalos
de corrupciones de conocidas empresas, con
su pérdida de credibilidad o quiebras, comprueban
que la confianza vende, que la honestidad vende,
que la calidad es la mejor publicidad, y que
a la larga o la corta, las consecuencias de
la chapucería y la corrupción se llegan a conocer.
La avaricia rompe el saco. Además, la experiencia
de infinidad de empresarios honestos y exitosos
es más que suficiente para validar una visión
distinta y superior de la empresa y los negocios.
Y
tercero: tampoco podemos reducir la ética a
cuestiones legales y prohibiciones para evitar
castigos, porque no dice la verdad más importante
de la ética empresarial, que es gestionar bienes
y servicios mediante decisiones y actos que
sean correctos, justos y adecuados a esos bienes
y servicios.
Por
consiguiente, vamos a sugerir una definición
amplia de cómo entendemos la ética empresarial.
Concebimos la ética empresarial en los términos
siguientes:
-
Es
el proceso de decidir lo que debe hacerse
según una escala de valores morales que
definen a la empresa;
-
Son
las acciones que se llevan a cabo en función
de esa decisión y valores;
-
Y
es la responsabilidad que se asume por
las consecuencias de las acciones.
Para
nosotros esa es la esencia de la ética empresarial.
Como ven, es más que un código de procedimientos,
es más que un "laundry list" de normas
o prohibiciones.
El
punto de partida de la ética empresarial son
los valores de la organización. El punto de
llegada es que se actúe para lo que es bueno
y justo. Y el camino se llama responsabilidad.
Esa es la trilogía conceptual de la ética empresarial: partimos
de unos valores que nos conducen al bien por
medio de la responsabilidad.
La ética
empresarial es, en resumidas cuentas, la conciencia,
la libertad, la decisión, el carácter, la responsabilidad
y la honestidad de un grupo de personas que
se unen para trabajar por el bien de sí mismos
y por el bien de la sociedad.
La ética
empresarial nos hace usar la razón y la prudencia
para trabajar con sabiduría y con bondad, que
son las expresiones de mayor excelencia en
los seres humanos. Y ambas cosas tienen alta
rentabilidad en formar mejores seres humanos
y mejores sociedades.
Damas
y caballeros: no existen proscritos del mundo
moral. Nadie está excusado de vivir éticamente.
Optar por el camino de la conducta ética es
la decisión más sabia que pueden hacer los
dirigentes empresariales y nosotros, los servidores
públicos, por el bien de Puerto Rico. Optar
por vivir con dignidad y excelencia debería
ser el objetivo primordial de nuestros proyectos
empresariales y gubernamentales.
¿Puede
la empresa promover esos ideales? Hemos argumentado
que sí. Se debe -y porque se debe- es ya un
imperativo para hacerlo realidad. Creemos firmemente
en apoyar esta gestión de la Cámara de Comercio.
Este será nuestro gran legado al porvenir de
Puerto Rico.
Ojalá las
futuras generaciones se beneficien de esta
Ojalá las
de promover la ética empresarial puertorriqueña.
Muchas
gracias.
Manuel
Díaz Saldaña
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