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Mensaje
Segunda Entrega
de Reconocimientos a los Recintos
Universidad de Puerto Rico
26 de marzo de 2004
Muy buenos días. En la Contraloría
nos sentimos muy complacidos de colaborar con
ustedes en mejorar continuamente las operaciones
administrativas y fiscales de la Universidad de
Puerto Rico. Agradecemos al Presidente y a los
miembros de la Junta de Síndicos, al Presidente
de la Universidad y a los Rectores que hayan acogido
con tan buena disposición este importante
esfuerzo.
Todos los recintos han mejorado sustancialmente
en el cumplimiento de los once criterios establecidos
por nuestra Oficina, además este año
la Administración Central fue evaluada.
La Universidad de Puerto Rico cuenta con personas
muy capacitadas para demostrar a las demás
instituciones públicas cómo se implantan
las mejores prácticas administrativas.
El mérito es que lo va logrando en un sistema
que ha sido difícil de administrar por
varias razones: la institución universitaria
tiene una gran diversidad de funciones; aquí
enseñan, trabajan y estudian grupos diversos;
de la universidad se espera, o se le atribuyen,
múltiples misiones, todas ambiciosas de
alcanzar; y otro factor que debemos considerar
es que los académicos tienen primordialmente
sus intereses en la cultura científica,
humanista y de grandes preocupaciones sociales.
Ello no empece a que cuando algunos son llamados
a trabajar en puestos donde deben ocuparse de
trámites administrativos, tienden a verlo
como una distracción a sus legítimos
intereses académicos. Esa situación
la entiendo muy bien, porque en mi caso de Contralor
me encuentro del otro lado del espectro. Lo interesante
es que la Universidad y la Contraloría
están logrando un espíritu de colaboración
muy productivo y equilibrado donde el Pueblo gana.
Esta experiencia tan alentadora la iniciamos
en una reunión con la Junta de Síndicos
el 31 de enero del 2002. El objetivo era ayudar
a la Universidad a cumplir en áreas de
su funcionamiento regular. Empezamos con once
criterios relacionados con normas, leyes, planificación
y capital humano. El primer Informe fue el 4 de
abril de 2003, donde observamos algunos puntos
que requerían más atención
y otros que estaban bien dirigidos. Hoy, casi
un año después, vemos con mucho
agrado los buenos resultados que se han logrado.
Este esfuerzo de mejorar la administración
universitaria no ocurre en un vacío histórico,
pues vivimos en medio de problemas sociales que
requieren atención. En tiempos donde se
cuestiona la credibilidad de las instituciones
públicas y la honestidad corporativa del
sector económico privado, urge que el liderazgo
intelectual del país mantenga viva la conciencia
crítica que interpela a gobiernos y empresas
a encaminarse por vías de rectitud ética
y de responsabilidad social. Es sabido que una
gran parte de ese liderazgo está en la
Universidad de Puerto Rico, cuya responsabilidad
intelectual y moral es tan decisiva para la sociedad
puertorriqueña. La voz crítica del
universitario se fortalece cuando la universidad
demuestra cómo aplica a sí misma
los conocimientos de administrar sus recursos.
Este segundo Informe es consistente con las
expresiones que hicimos el año pasado:
queremos colaborar estrechamente con la Universidad
en aplicar la experiencia de la Contraloría
para mejorar sus prácticas administrativas.
Esa es la utilidad que tienen los once criterios
que empleamos para evaluar las funciones administrativas
de la Universidad. En la dirección de instituciones,
un criterio representa la norma a la que una acción
o proceso debe ajustarse para cumplir algún
objetivo, de la naturaleza que fuere –legal,
administrativo o estratégico–. Si
la persona tiene claros los criterios a los que
tiende su trabajo, le es más fácil
orientar sus acciones para mejorar sus resultados.
Los criterios tienen dos funciones complementarias:
fiscalizar y prevenir. Como hemos dicho en otras
ocasiones: “en 1997 establecimos una filosofía
de trabajo donde los objetivos secundarios de
las auditorias pasaron a un plano primario, ocupando
una posición complementaria a los objetivos
primarios de la auditoría. En otras palabras:
fiscalización y prevención –dos
caras de la misma moneda– ahora interactúan
con mayor fuerza e intencionalidad. Situar el
objetivo secundario de la auditoría –prevención–
en simetría con el objetivo primario –fiscalización–
implicó subir la vara de la efectividad
operacional. Al hacerlo hemos levantado todo el
andamiaje de las estrategias institucionales a
un nivel superior donde alcanzan más impacto
y mayor cobertura para cumplir la misión
constitucional de la Contraloría. La prevención
siempre ha estado en el mandato constitucional
de la Contraloría, como institución
pública que audita al Estado.”
Por más de medio siglo la Oficina del
Contralor viene acumulando un inmenso caudal de
información sobre los problemas que enfrentan
las agencias y entidades públicas; sobre
las condiciones que causan esos problemas; y sobre
medidas de solución. Esa información
acumulada se llama conocimiento tácito,
como saben ustedes. Es un conocimiento que está
en la mente de alguien o en algún archivo
o en documentos. Pero al llegar a la Contraloría
nos encontramos que ese conocimiento de tanto
valor estaba silencioso, aislado, no circulaba
a los interesados y afectados, no se optimizaba
su potencial. Nosotros creemos que las instituciones
de gobierno tienen que aprender a convertir sus
conocimientos tácitos en conocimientos
explícitos para la gerencia y administración
de todas sus operaciones, convirtiendo la administración
pública en un instrumento eficaz del bien
común.
Nos propusimos hacer labor preventiva con todas
las entidades públicas para ayudarles a
mejorar sus operaciones financieras y administrativas.
En el caso de los gobiernos municipales establecimos
dieciséis criterios, y hemos visto una
notable mejoría, en renglones básicos.
Otro esfuerzo preventivo de la Contraloría
fue publicar el folleto de Diez Principios
Gerenciales para Lograr una Administración
Pública de Excelencia, en abril de
1998, que se distribuyó ampliamente a los
jefes de agencia, con el fin de establecer unos
parámetros de lo que puede constituir una
sana administración pública.
Para cumplir la compleja misión de la
Universidad, se necesita un engranaje administrativo
que funcione adecuadamente. Esta colaboración
aumenta la capacidad de la Universidad para detectar
rápidamente los errores, procesar a tiempo
la información necesaria, y actuar eficazmente
no sólo para resolver problemas inmediatos,
sino fortalecer mecanismos que impidan o reduzcan
la incidencia de esos problemas.
La Universidad de Puerto Rico tiene una inmensa
riqueza de experiencias y conocimientos, es decir
posee un valor incalculable que puede fortalecer
la eficacia de su administración. Esa riqueza
institucional ha de servir en la búsqueda
incesante de la verdad, del bien, de lo que es
justo y correcto.
Yo agradezco su buena voluntad de unirse a la
Oficina del Contralor y los felicito por ayudar
a darle a Puerto Rico una administración
pública de excelencia.
Muchas gracias.
Manuel Díaz Saldaña
Contralor de Puerto Rico
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