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MANUEL DÍAZ
SALDAÑA
CONTRALOR DE PUERTO RICO
Mensaje
Reconocimiento a los Municipios
Sexto Informe Especial
21 de mayo de 2004
Muy buenos días a todos. Agradezco su
presencia a nombre del personal de la Oficina
del Contralor. Por sexto año consecutivo
nos reunimos para reconocer a las administraciones
municipales que en el año fiscal 2002-03
cumplieron con criterios de buen funcionamiento
administrativo en la gestión pública.
El resultado de esta evaluación lo tienen
en el Informe M-04-4F del 16 de abril de 2004
que les hemos enviado. En esta ocasión,
tenemos logros muy positivos pues 70 municipios
son acreedores de reconocimientos por parte de
nuestra Oficina.
Cuando nos reunimos por primera vez, en el 1997,
apostamos a favor de la buena voluntad y del esfuerzo
de los funcionarios municipales para trabajar
arduamente y aplicar estándares de excelencia
en sus administraciones. El tiempo nos ha dado
la razón. Desde entonces la curva de cumplimiento
va en aumento, lo que demuestra, una vez más,
que las personas y las organizaciones necesitamos
el estímulo de metas claras, de sistemas
ordenados y de revisión periódica
para mejorar constantemente. Así pues,
con mucha satisfacción, les felicitamos
por obtener estos logros.
Como Contralor con un ministerio público
de fiscalizar los bienes y propiedades del Estado,
entiendo que mi mensaje de hoy debe tomar en cuenta
la circunstancia particular que estamos viviendo.
Quiero reflexionar con ustedes sobre algunas inquietudes
de nuestro pueblo. Me parece evidente que muchos
puertorriqueños están desilusionados
con la vida pública de nuestro país.
Por eso el gran desafío de los pueblos
y sus gobiernos es dar esperanza hacia el futuro
y realizar acciones que la hagan realidad. Yo
creo que la esperanza de Puerto Rico se cifra
en la voluntad de hacer real una triple aspiración:
fortalecer la democracia, fortalecer la economía
y fortalecer la sociedad.
Fortalecer la democracia es, entre muchas tareas,
cumplir con principios y sistemas de buena administración
pública. En estos tiempos es imprescindible
que la administración pública puertorriqueña
entienda el valor de la austeridad fiscal y del
respeto debido a la ética pública.
La democracia representativa implica la existencia
de una brecha fundamental entre los representantes
políticos y los ciudadanos; por tanto,
ésta requiere de mecanismos institucionales
que aseguren que esa brecha no resulta en gobiernos
cuyas acciones sean ineficaces o contrarias al
bien común.
Precisamente la Contraloría establece
estos criterios evaluativos para ayudar a los
Alcaldes y sus equipos de trabajo a que fortalezcan
su administración pública con buenos
sistemas de gerencia y control financiero, que
son condiciones necesarias para forjar instituciones
municipales que prestigien la democracia en todos
los municipios de Puerto Rico. Por ello, reconocemos
el cumplimiento con estos criterios, independientemente
del ejercicio de nuestra función fiscalizadora
y los hallazgos que puedan resultar de las auditorías.
La segunda aspiración del pueblo es fortalecer
la economía. Ello es resultado del esfuerzo,
la disciplina, el trabajo, el ahorro y las decisiones
colectivas en torno a qué valores han de
regir la producción, gestión y uso
de nuestros bienes económicos. Un pueblo
no puede continuar indefinidamente con una constante
expansión del gasto público y una
economía inflacionaria, que pretende perpetuar
el espejismo de que un país puede vivir
por encima de sus posibilidades y recursos. El
Contralor tiene la obligación moral de
decir al país y al gobierno que los bienes
del pueblo se pueden administrar de manera correcta
y eficaz, como bien han demostrado la mayoría
de los municipios. Es necesario seguir enfocados
en el sendero de la excelencia administrativa,
y no permitir que se baje esa vara colocada en
lo alto de sus conciencias.
La tercera gran aspiración es fortalecer
la sociedad. Nuestra sociedad necesita valores
éticos y espirituales que nos permitan
convivir como seres civilizados. Esos valores
no son meramente individuales o privados de las
personas; somos seres sociales, y los valores
que nos sostienen en la intimidad son reflejados
en nuestras acciones exteriores. Las instituciones
sociales son espejo de las creencias y comportamientos
de los pueblos. Entre las instituciones más
importantes de la sociedad, están los organismos
políticos del Estado. Los políticos
y nosotros, los funcionarios, somos responsables
de fomentar instituciones públicas cuya
cultura de trabajo proporcione propósito
y dirección a los servidores públicos,
dándoles un sentido de misión al
trabajo que hacen por el bien común. Una
cultura institucional de valores compartidos es
la fuerza que unifica a los gobiernos para trabajar
por el orden, la paz y la justicia.
Desde luego, fortalecer los vínculos sociales
no es tarea exclusiva de gobiernos, porque es
responsabilidad de todos, mayormente de la sociedad
civil; pero indudablemente los gobiernos tienen
su protagonismo al establecer una autoridad y
dotarla de poder necesario para coordinar las
diversas aspiraciones particulares integrándolas
en el bien común.
Estas son, a mi humilde entender, tres esperanzas
por las que vale la pena trabajar felizmente:
fortalecer la democracia, la economía y
la sociedad. Estoy convencido que los estándares
de excelencia fiscal y administrativa promulgados
por la Contraloría son una manera razonable
y eficaz de ejercer la autoridad pública
en beneficio de nuestra democracia, de nuestra
economía y del bien general de la sociedad.
Creo que nuestro trabajo en el servicio público
tiene que ver con nuestro sentido de lealtad.
¿A quiénes somos leales? ¿A
qué somos leales? Ser leal significa ser
fidedigno, verídico y fiel en el trato
y en el desempeño de un oficio o cargo.
La lealtad del servidor público está
en su juramento con el pueblo. La autoridad que
tenemos es solamente para servir, no para ser
servidos. La autoridad supone también confianza.
La confianza es un principio moral. Por eso el
núcleo de la lealtad se encuentra en la
honra de un compromiso moral.
Yo confío que este reconocimiento a los
Municipios sea un estímulo a honrar el
compromiso de nuestros juramentos públicos
de ser leales a la verdad, a la justicia y al
bien común. En nuestras decisiones y acciones
podemos hacer realidad la esperanza de un futuro
mejor. Así lo quiera Dios.
Muchas gracias.
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